Solo un demócrata

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Solo un demócrata

...la reforma a la Ley de Comunicación debe ser vetada. Quien lo puede y debe hacer solo podrá ser un demócrata convencido...

El aire que se respira en los círculos de cualquier poder no suele ser el común, hay algo que desestabiliza a quienes lo respiran: se sienten eternos e infalibles. El poder es afrodisíaco y mágico: el tonto se vuelve genio; el feo muta en hermoso; la corrupta, en honestísima…

Superar esa atmósfera viciada de adulones y mediocres, de mundos paralelos y realidades rosaditas no es fácil. Michelle Bachelet, la primera presidenta que tuvo Chile, me dijo que el mejor remedio para bajar de la nube en que suelen levitar los políticos es respetar a la prensa libre, no amargarse por los titulares que no gustan, entender que la crítica, incluso cuando es dura, sirve y mucho.

Eso se necesita en Ecuador cuando una reforma a la Ley de Comunicación pretende volver al Estado un regulador de la difusión “de la verdad”. O sea que habrá alguien que dictamine, desde el poder, quién tiene la verdad y quién no. La tesis, propia de estados totalitarios, en la práctica cercena la crítica, el disenso o la tarea del periodismo que investiga las corruptelas sistémicas de un país como el nuestro, proclive a la impunidad y al “roban pero hacen obras”.

El periodismo es libre o no sirve.

Sí, hay periodismo de cuarto nivel y periodistas que son una vergüenza, el descrédito ambulante de un oficio que es vital para la consolidación de valores democráticos como la transparencia y la equidad. Pero también hay médicos indolentes, abogados pillos o maestras deshonestas, y eso no demerita a las profesiones. El periodismo ni merece ni pide prebendas especiales. Y a los periodistas que viven del escándalo sin pruebas o de la pauta que les silencia la boca y les calma el estómago hay que combatirlos. Que quede claro.

Pero al periodismo que practica su rol de mediador lúcido y aguerrido de la sociedad frente a los desvaríos del poder, debe garantizársele un ejercicio riguroso y libre. Honesto. Por eso la reforma debe ser vetada. Quien lo puede y debe hacer solo podrá ser un demócrata convencido, pues el buen periodismo -por tarea y destino- le seguirá viendo las costuras mal hechas. Y ese demócrata, sean quien sea, sabrá entenderlo.