Yanuay Mr. Vargas

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Yanuay Mr. Vargas

No hay cómo negar que vivimos en el país de lo insólito. ¡Qué disparate condecorar al Leónidas por “su trayectoria en temas de participación ciudadana”! Esto solo puede provenir de un organismo cooptado por el ¡al fin! procesado belga, gracias a la genialidad del voto nulo que le dio la mayoría en dicho órgano colegiado. Claro, no se puede negar la relevante “participación” del condecorado en los vandálicos acontecimientos de octubre, ni desconocer su acreditada experiencia en “trayectorias”, pero de lanzamiento de proyectiles contra las fuerzas del orden.

Y cuando creíamos que habíamos logrado deshacernos de nuestro agraciado matapericos, reaparece con su penacho de plumas, y su “corazón de madre”, afirmando que el Gobierno debe responder por el “uso excesivo de la fuerza” en los deleznables acontecimientos de octubre. Corazón de madre que no tenía cuando amenazó con aplicarle “la justicia indígena” al vicepresidente. No sabe que, desde el fallo La Cocha (en el cual la jurisdicción indígena había establecido como reparación por la vida de un ser humano, la suma de 6.000 dólares), la justicia indígena quedó reducida solo a lo que la Corte Cervecera dictaminó: “La jurisdicción y competencia para conocer, resolver y sancionar los casos que atenten contra la vida de toda persona, es facultad exclusiva y excluyente del sistema de Derecho Penal Ordinario, aun en los casos en que los presuntos involucrados y los presuntos responsables sean ciudadanos pertenecientes a comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, así los hechos ocurran dentro de una comunidad, pueblo o nacionalidad indígena. La administración de justicia indígena conserva su jurisdicción para conocer y dar solución a los conflictos internos que se producen entre sus miembros dentro de su ámbito territorial y que afecten sus valores comunitarios”.

Esto revela al fin, que la demagogia y la politiquería fracasaron al intentar establecer una doble jurisdicción y una nación dentro de otra. Y que la administración de justicia solo puede estar confiada a jueces investidos como tales y no a turbas enardecidas.