Basura audiovisual de 7 a 9

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Basura audiovisual de 7 a 9

No parece advertir el presidente la triste derrota que implica este retorno del país al mundo konitos de los ‘jingles’ y las coreografías. La propaganda oficial es basura. Siempre’.

Popular, no populista, dijo Guillermo Lasso sobre el incremento del salario básico. Fue pronunciar esas palabras y precipitarse en un delirio de propaganda (populista, claro) que no ha hecho sino comenzar y sugiere que el gobierno ha encontrado por fin una política de comunicación: la peor de todas.

Había empezado con mensajes grabados con teléfono celular en el Salón Amarillo. Resultaba una pedagogía interesante: lo que el Gobierno tenga que decir -era la idea- lo dirá por los canales oficiales y los interesados no tienen sino que conectarse; estrategia que obligaba al presidente a hablar poco y con sustento, como debe ser. Para un país que vivió el infierno del Estado de propaganda (con obreros sonrientes, ‘jingles’ y coreografías por donde se mirara) fue un respiro y un sorpresivo reencuentro con la normalidad democrática.

Esto cambió con el incremento del salario básico. Si tan popular es la medida, como sostiene el presidente, no se entiende por qué la Secretaría de Comunicación ha de empeñarse tanto en popularizarla a las patadas. Ahora el horario estelar en la TV nacional es un constante bombardeo, con una pieza de propaganda gubernamental diferente por cada corte publicitario desde la hora de los noticieros hasta las nueve de la noche. La principal de estas piezas tiene ‘jingle’, coreografía y obreros sonrientes. Y el ‘jingle’, la coreografía y los obreros sonrientes no son una eventualidad. Son, para empezar, un presupuesto. Y un presupuesto quiere decir una política pública.

Parte de esa política es el show del presidente. No se sabe en qué momento las entrevistas desde el patio de Carondelet con periodistas invitados (así mismo empezaron las sabatinas de Correa) se convirtieron en un programa regular de todos los martes. El hecho de que no se transmita en cadena nacional (lo cual se agradece) no libra al presidente de las servidumbres que acarrea esta clase de estrellato televisivo.

Este martes, por ejemplo, dijo que Leonidas Iza es un anarquista que dará “con sus huesos en la cárcel porque no hay más alternativa”. Una declaración de guerra que solo puede interpretarse como el fin de la voluntad del Gobierno para dialogar con la Conaie. Que el vocero Carlos Jijón saliera al día siguiente a aclarar que “el Gobierno tiene las puertas abiertas al diálogo” (¿con un anarquista que debe ir preso?) solo significa una cosa: alguien aquí metió la pata. Mientras tanto, Iza aprovechaba la oportunidad para mostrarse (¡él!) tolerante y magnánimo, libre de resentimientos. En suma, el nuevo show del presidente solo garantiza una cosa: que se equivocará todos los martes. Por esas equivocaciones será recordado este espacio de entrevistas.

Lo nuevo en esta historia son las cuñas (ya van cuatro) sobre la Ley de Desarrollo Económico. El Gobierno parece haber decidido librar en la TV, con propaganda costeada por nosotros, su batalla por la gobernabilidad en la Asamblea. No parece advertir el presidente la triste derrota que implica este retorno del país al mundo konitos de los ‘jingles’, las coreografías y los obreros sonrientes. Es, como ocurre en todo lo demás con este gobierno, una capitulación. Un sometimiento a las reglas de un juego político que se pretendía transformar. La propaganda oficial es basura. Siempre. Y de basura se ha propuesto darnos de comer Guillermo Lasso. Con nuestra plata.