Columnas

Empaques y contenidos

"Alguna vez tuve una discusión privada con mi querido profesor de Finanzas, el Doctor Nicolás Marín, y la discusión se zanjó cuando me dijo: ‘a veces hay que escoger entre tener razón y ganar plata"

El uso de redes sociales, y en particular TikTok en la actual campaña política, representa un giro importante en la forma de llegar al electorado. Este uso masivo de redes sociales, su impacto en el votante y la controversia que para los electores más tradicionales representa el fenómeno, me recuerda el gran debate del 26 de septiembre de 1960; el que quizá llevó a Kennedy a la Presidencia de Estados Unidos. Posiblemente no fue en la arena de las ideas profundas, donde Nixon era un político más experimentado y ducho, sino en cómo Kennedy se conectó con el electorado donde se ganaron las elecciones. Aquel día Nixon no había permitido que lo maquillen, lucía un feo traje obscuro y no aceptó consejos sobre su postura ante las cámaras. Kennedy en cambio, tomó sol previamente, no descuidó ningún detalle de su imagen personal, lució su mejor sonrisa, y sacó el mejor provecho ante los votantes jóvenes. Se dice que los electores que escucharon a Nixon por la radio estaban convencidos de que él había ganado el debate, pero al final del día fue la televisión el podio sobre el que se subió el ganador. Qué mensaje dirigido a resolver los profundos problemas de la sociedad ecuatoriana se puede trasmitir en una filmación donde un candidato sale vestido de viuda en año nuevo; o en otro donde sale un candidato corriendo detrás de un perrito para supuestamente salvarlo de un carro; o donde otro candidato muestra a ese perrito como si se lo hubieran robado. Parece que ninguno. Parece también que no es el mensaje muy elaborado el que se conecta con la mayoría de los votantes. No quiero imaginarme al doctor Velasco Ibarra haciendo un tiktok desde algún balcón, o al ingeniero Febres-Cordero tiktokeando a lo Metro Goldwyn Mayer. En cualquier caso, de nada sirve tener buenas ideas si nadie las compra, o si quien compra se fija más en los empaques. Si el consumidor quiere empaque, habrá que darle empaque, y ya después descubrirá su contenido. Quién soy yo para pensar que se pueden cambiar costumbres tan antiguas como las romanas: habrá que darle pan, pero también habrá que darle circo.

El fulgor de las redes sociales y la necesidad de inmediatez del nuevo votante, termina con la victoria del empaque por sobre el contenido.