Moneyball y el problema de la seguridad

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Moneyball y el problema de la seguridad

No existen formulas secretas en esta la sociedad de la “hiper conectividad”. La seguridad y la mitigación de la violencia no son la excepción

Moneyball es una película del año 2011, que narra la lucha del director deportivo de un equipo de baseball, que optó por implementar análisis de datos a efectos de estructurar su equipo de cara a la temporada. El largometraje nos enseña lo difícil que resulta asumir, para la “opinión pública”, hechos que están ampliamente sustentados en información comprobable, y, en consecuencia, nos enseñan como algunos a título de costumbre, se rehúsan a avanzar, a pretexto de concepciones que parecen sacadas más de un ritual, que de la misma experiencia.

Pocas cosas, en este, nuestro interconectado y pandémico siglo XXI, no poseen algún tipo de métrica o registro. Ahí donde muchos estamos empezando a explorar, otros ya han escrito montones de artículos y recopilado miles de memorias. En pocas palabras, no existen formulas secretas en esta la sociedad de la “hiper conectividad”. La seguridad y la mitigación de la violencia no son la excepción.

Todos los grandes analistas de seguridad coinciden en que la violencia, es un problema multidimensional, que requiere de un enfoque amplio. Lo he dicho en otras ocasiones. Enfrascarlo en un problema de efectividad policial y judicial, es el equivalente a negarse a ver el camino trazado por los expertos y tropezar con la misma piedra una y otra vez. Solucionar la violencia en las ciudades ecuatorianas hoy tiene más que ver con que se realice un censo poblacional (el último oficial data del 2010) y con una mejor planificación urbana, que con dotar de más armas a policías y cambiar el órgano que administre la Función Judicial.

El mal que aqueja al Ecuador es la desigualdad, y la inseguridad es uno de sus síntomas. Esta no se limita a un problema estrictamente económico. Afecta a todo nivel a los individuos. Desde su capacidad para gozar de ciertos espacios públicos, pasando por la posibilidad de acceder a una educación de calidad y culminando en la certeza de contar con salud personal y familiar.

Todos estos son beneficios y derechos que han sido reconocidos e implementados por múltiples estados democráticos, sin que esto signifique inclinación ideológica de ningún tipo. Como país, podemos optar por una solución técnica y basada en datos, o continuar guiados por el empirismo ignorando el elefante en el cuarto. Más política pública y menos comunicación reactiva.