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Modesto Gerardo Apolo: ¿Reforma o nuevo Código de Trabajo?

En el contexto laboral del 2024, surge la interrogante de si es conveniente transformar el Código de Trabajo para adaptarlo a las demandas actuales

Durante décadas, el tema sobre la necesidad de reformar nuestro antiguo Código de Trabajo sigue estando en la mesa de discusiones.

En la encrucijada entre la historia y la contemporaneidad se encuentra la Ley Laboral de 1938, una normativa que ha perdurado a lo largo de las décadas. En el contexto laboral del 2024, surge la interrogante de si es conveniente transformar el Código de Trabajo para adaptarlo a las demandas actuales.

La dinámica laboral ha experimentado cambios inimaginables estos 85 años. El advenimiento de la tecnología, la globalización, las transformaciones en la estructura de empleo, los pequeños y nuevos emprendimientos plantean nuevos desafíos que la legislación de hace 85 años no contemplaba. La flexibilidad laboral, el teletrabajo, la diversidad de nuevos empleos y las nuevas modalidades como la de “a distancia” requieren una revisión cuidadosa de las normativas existentes; sin embargo, la resistencia a cambiar normas con raíces históricas puede ser comprensible, pero debe ser urgentemente superada.

El cambio debe ser cuidadoso, que preserve los derechos laborales fundamentales evitando la precarización o la pérdida de beneficios legítimamente adquiridos; y prevenga los excesos de un sindicalismo radical, o las ineficiencias del trabajador en el desempeño del trabajo efectivo.

Cláusulas que aborden la protección frente a la discriminación y adaptabilidad a nuevas formas de empleo son cruciales en una nueva normativa. Asimismo, es esencial considerar la participación de los actores clave, como empleadores, empleados y expertos, en el diseño de una ley que refleje las realidades contemporáneas.

En conclusión, en el Ecuador actual, reemplazar la Ley Laboral de 1938 por una acorde a los tiempos del nuevo siglo se presenta como un desafío inminente, vital, para adaptarse a la complejidad del mundo laboral actual. La clave reside en encontrar un equilibrio que garantice la protección de los trabajadores sin perder de vista la eficiencia y competitividad que permita la subsistencia de la fuente de trabajo, en este siglo XXI, globalizado y competitivo.