Columnas

Méritos y oposición

"No hay mejor manera de juzgar o calificar a una persona que no sea por sus actos, su solvencia moral, sus antecedentes de servicio a la sociedad; eso es lo correcto"

Está de moda nombrar funcionarios públicos por concurso de méritos y oposición, tradicionalmente utilizado para cátedras universitarias, en que el aspirante exhibe valores, experticias, demuestra que merece acceder a la docencia en educación superior y formar nuevos profesionales. A esos merecimientos se agrega probar sus conocimientos mediante una prueba de oposición.

Este sistema en casos de funcionarios públicos se presta para manipulación. Son regulados por los mismos organismos; los promueven con examinadores nombrados por ellos, otorgan más puntaje a las pruebas de oposición, lo cual posibilita que puedan prevalecer influencias o valoraciones subjetivas. Por ello personas de límpida trayectoria se abstienen de concursar para evitar ser subvaloradas.

Se está realizando el concurso de jueces de la Corte Nacional de Justicia, fundamental para la poco confiable administración de justicia. El valor que se asigna por méritos es 25%, eso es inequitativo para quienes tienen una trayectoria que amerita ocupar esa magistratura.

No hay mejor manera de juzgar o calificar a una persona, que no sea por sus actos, su solvencia moral, sus antecedentes de servicio a la sociedad; eso es lo correcto. Como no existe evidencia más tangible para establecer el enriquecimiento ilícito que el que alguien aparezca con bienes y lujos “de la noche a la mañana”, sin justificación razonable, tampoco se debe calificar a un estudiante por un examen; debe evaluarse su actuación en un periodo de estudio. Los seres humanos forman su activo intelectual o destrezas durante su existencia.

El anterior gobierno obligó a mayores de 70 años a retirarse de la función pública, los reemplazaron mediante este tipo de concurso. Eso afectó en especial a médicos y docentes, perjudicando la salud y educación del país, ignorando que la experiencia es fundamental en cualquier actividad.

El socialismo utópico promovía el axioma “a cada uno según su capacidad y a todos según sus necesidades”; en teoría indiscutible, muy difícil aplicarlo. Un excontralor prófugo de la justicia fue calificado en esta clase de concurso con 100/100.