Columnas

Popurrí de cacofonías

"...es crucial cuestionar por qué, a pesar del año que hemos vivido, permanece el popurrí cacofónico que entorpece la gobernabilidad y el progreso"

Se prenden las luces, la expectativa aumenta y salen los dos candidatos a la presidencia del líder geopolítico mundial, el señor Trump y el señor Biden. Empieza el show del último debate presidencial frente a las elecciones del 3 de noviembre. Se ha implementado un nuevo mecanismo para silenciar al candidato que no respete su turno para hablar.

Ambos candidatos estuvieron más serenos y la moderadora, Kristen Welker, de NBC, tuvo un rol refrescante intentando conducir y aplicar preguntas que permitan conocer el fondo de las propuestas. Apenas pudimos conocer planteamientos que permitan enganchar a un público que busca mejoras sustanciales en un país de inmensas oportunidades. Es una pena, desde lejos, ver el empobrecimiento del intercambio entre los dos representantes de la voluntad popular americana. Del primer debate ni hablo porque fue como ver una pelea entre dos colegiales.

Suceden cosas muy graves; como la separación de niños, como el nivel flagrante de mentiras que se dicen constantemente en el debate, pero lo más grave es el nivel de confusión del votante. Casi como una obsesión regreso al asunto de la desinformación, los elementos de miedo; que si China, que si Rusia, que si Irán, contaminan el diálogo que permitiría conocer en la práctica cómo se busca mejorar la administración que compete a 300 millones de habitantes y al resto del mundo. Es como jugar a “tú la llevas”. Biden menciona con demasiada fuerza a las víctimas de COVID, y Trump repite: “tú dices mucho y haces poco”. Ambos tienen algo de razón y los debates terminaron siendo un popurrí de cacofonías que reflejan la polarización social más que un plan concreto. Por mucho que las encuestas indiquen que Biden va a la delantera con poca comodidad, el resultado solo lo conoceremos cuando cada voto esté contado y las colegiaturas cumplan su proceso.

Es evidente que el próximo mandato, quien sea que lo gane, mantendrá la polarización que venimos experimentando de manera sistémica, pero en ese país por lo menos todavía existen contrapesos de poder. Aseveración que me aterriza sobre la cacofonía local que insiste en plantear propuestas fallidas y ofertas sin piso.

El candidato correísta ofrece un “bono a las amas de casa con dinero electrónico”. Yo pregunto: ¿eso con qué se come? El candidato de Pachakutik ofrece un ingreso mínimo universal. Yo pregunto: ¿eso cómo se paga si seguimos pidiendo plata prestada para pagar sueldos de empleados públicos? Y así una retahíla de promesas que no contemplan un hecho generador de riqueza que permita esos beneficios. El CNE se vuelve un gran generador de bulla con todo el desorden y confusión en el registro de candidaturas y reglamentos aprobados por una mayoría que no incorpora la visión del consejo por completo. Al candidato de derecha, Guillermo Lasso, le endilgan mentiras comprobadas porque no está prometiendo falacias populistas, pero la cacofonía hace ruido para confundirnos.

Ya habrá oportunidad de ahondar en el análisis de propuestas para nuestro porvenir, sin embargo es crucial cuestionar por qué, a pesar del año que hemos vivido, permanece el popurrí cacofónico que entorpece la gobernabilidad y el progreso. Ya veremos cómo el resultado contrasta o confirma la cacofonía del debate.