Columnas

Entre plazos e incertidumbre

El país presenta violencia, la espera no ayuda pues impacienta y mina la credibilidad general. Mirémonos en el espejo de los resultados, tenemos mucho que aprender.

El CNE cuenta con 10 días para verificar inconsistencias en actas que así lo presentaron, no es un tema menor, son 1 millón y medio de votos. Además, a ese plazo hay que sumarle las impugnaciones que haga (si decide hacerlo) la parte que esté inconforme con el resultado del conteo y así corre el tiempo.

Durante el 2020 se hizo seguimiento continuo de la labor del CNE. Del presupuesto electoral, de los plazos, de las modificaciones al reglamento, de los requisitos cumplidos e incumplidos por las candidaturas, de las diferencias entre concejales; la opinión pública fue clara en el sentido de la confusión que como ciudadanía percibíamos de este ente. El domingo 7 de febrero la ciudadanía hizo el esfuerzo de presentarse a sufragar pese al alto riesgo de contagio y todas las complicaciones que las normas de bioseguridad anunciaban. Fue un proceso pacífico y respetuoso. De la misma manera la página web del CNE presentó los resultados constantemente en una evidente mejora del motor de resultados. Para las 20h00 se anunció el pronunciamiento sobre el conteo rápido y los consejeros cumplieron con la hora, sin embargo, hubiera sido preferible que se anuncie el empate técnico que había entre los candidatos Lasso y Pérez. Eso nos hubiese evitado la percepción de error en el conteo y la utilización de la fuerza como amenaza para ocupar la calle y hacer valer una postura - toda vez que no hay resultados oficiales por el momento- como es el caso de la convocatoria de los líderes indígenas que apoyan al candidato del partido Pachakutik.

La incertidumbre es corrosiva, impulsa a los actores a proceder con elucubraciones y no con hechos, paraliza la inversión y genera ecos de inestabilidad; el asunto es que cada voto cuenta y el proceso oficial debe ser hecho transparentemente a cabalidad.

En Ecuador las instituciones del modelo de democracia son débiles y por su abuso o desconfianza, el ciudadano siente la necesidad de volcarse a la calle para hacer valer su punto. La ocupación de la calle es una manifestación democrática de los derechos ciudadanos de protesta, el problema está cuando la demostraciones dejan de ser pacíficas para ser violentas, y eso ya lo vivimos en octubre 2019.

Los dos partidos más fuertes en la Asamblea Nacional después de los resultados son UNES y Pachakutik, pero ninguno tiene la mayoría suficiente para gobernar sin tener que llegar a acuerdos. Le siguen la ID, PSC y CREO. ¿Significa esto que la próxima Asamblea Nacional será como la actual? Tendremos que esperar, así como tenemos que esperar a que se cumplan los plazos y salgan los resultados electorales oficiales.

Por mucha fragilidad institucional que tengamos, la voluntad popular se manifestó en el voto. Somos un país de diferencias, de contraste y en democracia la mayoría manda, aunque no siempre nos guste lo que ella decide.

Debe quedar claro que es imperativo llegar a acuerdos mínimos de coexistencia y que el respeto debe ser la norma preponderante, porque no debemos continuar con el abuso para imponerse.

El país presenta violencia, la espera no ayuda pues impacienta y mina la credibilidad general. Mirémonos en el espejo de los resultados, tenemos mucho que aprender.