Lo incalculable

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Lo incalculable

¿Qué vida quiere “el Ecuador”? Pero que no contesten los asambleístas por favor, que ellos no lo representan. Lo que allí sucede es el espejo en paralelo del oportunismo de la protesta violenta y el atropello a la nación’,

Recuerdo los primeros días del paro nacional. Las pérdidas expuestas por los exportadores de flores eran de 2 millones de dólares diarios. Asimismo, otros gremios hablaban de 3 millones diarios. La pérdida en la factura comercial nacional se aproximaba a 10 millones diarios y si le sumaban lo demás eran 13,5 millones diarios. Había que sumar las pérdidas del sector petrolero a los 13,5 diarios. Allí no hemos sumado las pérdidas en destrozos a bienes públicos y privados. Como el medio millón de dólares que costaría reparar el parque del Arbolito. En alguna parte leí, allá por el día 15 del paro, que las pérdidas de los exportadores bananeros sumaban más de 44 millones. Como resultado final de pérdidas se habla de 350 millones, otros de 450 millones y si hacemos el agregado de 50 millones diarios por 18 días de paralización y destrozos, eso suma 900 millones. ¡Qué mareo todo ese dinero!, !qué mareo todos esos desafíos que acarrea costear esa situación!

En la otra cara de la moneda están los millones de las peticiones de la Conaie, los 10 centavos que empezaron siendo anunciados en la reducción del precio del diésel, ecopaís y extra. Ese incremento en el subsidio sumaba 226 millones, ahora que son 15 centavos, haga el cálculo señor lector, son como 400 millones de la plata de todos, solo en el punto uno. Al resto ya no llego, el cálculo solo aumenta para totalizar una inmensa pérdida.

Incorporo el costo e impacto de los daños a la vía pública, al edificio de la Fiscalía General del Estado, los desmanes, el taxi incendiado por no plegar al paro, el día que no pudo trabajar, la educación que no pudo recibir, el tratamiento de salud al que no llegó. No alcanzamos a calcular el daño a la canasta familiar con el costo de un huevo a 40 centavos de dólar. Es difícil escribir sin pretender entrar en orden de prioridades, sepa que en este artículo no hay un orden porque lo fundamental es incalculable. El valor de la vida y el bienestar psicológico no se calcula, tampoco el modelo cultural y el ejemplo que se da. ¿Cómo calculamos el cinismo y la demagogia? ¿Cómo calculamos el daño del discurso de derechos humanos que vende gato por liebre? ¿Cómo calcular el costo de la desconfianza en el país? ¿Cómo calcular el nivel de participación social y económica de la mano negra que financia la violencia? ¿Cómo calcular el debilitamiento del Gobierno Nacional? ¿Cómo calcular el costo de no escucharnos?

Es dramático que sigamos teniendo este nivel de manifestación tan elocuente que no habla del agricultor indígena, del que se pretende hacer ganador de esta desestabilización. El año 2022 cursa con una inmensa lección de humildad y aprendizaje: o nos entendemos o nos destruimos, porque aquí perdemos casi todos. Léase destrucción como todo eso que no vamos a lograr para mejorar nuestras vidas. La pregunta sería entonces: ¿qué vida quiere “el Ecuador”? Pero que no contesten los asambleístas por favor, que ellos no lo representan. Lo que allí sucede es el espejo en paralelo del oportunismo de la protesta violenta y el atropello a la nación, esos mismos tentáculos que dejaron amarrada la institución de la Fuerza Pública en su continuo descabezamiento para el debilitamiento del orden público en la esfera nacional.

Toda sociedad necesita orden, bienestar, autoridad y cultura para su correcto relacionamiento. Se confunden las cosas cuando se somete a la mayoría de un país a la voluntad de unos cuantos. El daño que el paro deja es incalculable y como es natural ya, pronto lo olvidaremos.