Un ‘habeas corpus’ para el cuadro de Pissarro

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Un ‘habeas corpus’ para el cuadro de Pissarro

Digo de gran valor porque además de la fortuna que cuesta en dólares, representa una reparación monumental de hechos históricos atroces

Un cuadro de Pisarro, Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, de 1897, que hoy cuelga en las paredes del museo Thyssen-Bornemisza en Madrid está en el ojo de tribunales que buscan definir y asignar su propiedad a sus legítimos propietarios.

Cuenta esta historia que el cuadro fue vendido por el propio Pissarro a una familia en 1900. En 1939, habiendo estado en manos de la misma familia, la de Lilly Cassirer, judía, ella tuvo que malvenderlo para obtener un visado y poder abandonar Alemania en los albores de la II Guerra Mundial. Así evitó un fatal destino en un campo de concentración. De acuerdo a los cálculos provistos en la causa, el cuadro fue vendido por el equivalente a $ 360 que fueron depositados en la cuenta bancaria de la señora Cassirer, que ya había sido bloqueada por el régimen nazi. La mujer huyó a EE.UU. Una vez terminada la guerra intentó buscar el cuadro. El Gobierno de la República Federal Alemana la había reconocido como propietaria del cuadro y le asignó una compensación de 120.000 marcos alemanes. No fue sino hasta 2001 que pidió su devolución, cuando el cuadro ya colgaba entre la colección Thyssen-Bornemisza, habiendo sido adquirido por el barón en 1976 por $ 360.000 a una galería neoyorquina. El Estado español lo compró en 1993 como parte de la colección de más de 775 piezas del barón, por $ 350 millones.

El valor actual del cuadro está estimado en $ 30 millones. El hijo de Lilly Cassirer, Claude, ubicó el cuadro en el 2000 y demandó al Estado español ante el estado de California (donde reside) para que le devuelvan el cuadro. El conflicto en la legislación es lo que amplifica la disputa. El verbo que describe la venta inicial del cuadro es expoliar: quitarle a una persona de manera injusta y con violencia algo que le pertenece. Para la ley de California, un objeto obtenido de esa manera no puede generar un título de propiedad legítimo. Mientras que la posesión pública del cuadro durante seis años es suficiente según la ley española para considerar al museo su legítimo dueño.

En las instancias judiciales americanas se había estipulado que de acuerdo con la legislación española procedía que el dueño de la obra sea el Estado español, pero ante el reciente fallo del Tribunal Supremo el giro va a favor de la familia Cassirer, pues determina que la ley competente es la californiana y no la española, esa que contempla que la manera en que fue vendido no hace legítima la propiedad. El caso vuelve a instancias inferiores con una nueva brújula. Hoy son los nietos de la señora Cassirer quienes disputan la propiedad de este ítem familiar de gran valor. Digo de gran valor porque además de la fortuna que cuesta en dólares, representa una reparación monumental de hechos históricos atroces.

Escribo sobre este caso ante las atrocidades de la guerra en Europa. Ucrania presenta un éxodo no visto desde la II Guerra Mundial. Eso sin entrar en detalles sobre las matanzas. También escribo ante los atropellos nefastos a la población china en Shanghai -de lo que podemos ver pues lo de allá sí que no se muestra ni la mitad. Escribo también ante la impunidad y la corrupción en nuestro país. Puede que la pausa a condenas por corrupción no sea equiparable a asesinatos en masa, pero sí a la expoliación y usurpación de recursos que condenan a un país entero. ¿Se imaginan una ficha de habeas corpus para el cuadro de Pissarro?