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China

Es buen momento para afianzar las relaciones con China, quien tal vez tienda a ejercer menos influencia en la política fiscal nacional.

Es una de las civilizaciones más antiguas y avanzadas del planeta, superando a Occidente en arte, medicina, ciencias e invenciones. Ha sido potencia mundial durante milenios. Dejó de ser una de las principales en los últimos dos siglos como resultado del proteccionismo y dogmatismo que repartió pobreza, pero se pronostica que retome el primer puesto antes de 2030. El gobierno chino, criticado por Occidente, logró sacar de la pobreza a 600 millones de personas, equivalente a la población latinoamericana. En los años 80 el líder Deng Xiaoping dijo: “dejad que algunos se enriquezcan porque ellos crearán empresas y empleo” y eso ocurrió. Implementó desde 1979 una política de reforma y apertura que permitió atraer inversión extranjera. China es una potencia espacial, tecnológica y militar. Tiene un mercado gigantesco que produce mucho, con quien se podría comerciar más tras construir una relación de amistad oficial, respetando su herencia oriental, como ha hecho Panamá. En menos de una generación, se ha convertido en la segunda economía más importante, mientras fue aceptada en instituciones que reglan el orden mundial sin haber participado en la creación de las reglas del juego vigentes. Por lo tanto, es de esperar que China se involucre en la innovación de las reglas actuales y en cumplir su plan quinquenal para lograr un mayor respeto a los derechos de la propiedad intelectual y a los derechos humanos. Todos estos puntos nos obligan a analizar su influencia en un contexto mundial que se transforma rápidamente y en aprovechar las oportunidades comerciales que nos ofrece la posición geográfica de nuestro país, frente al crecimiento del consumo chino y su balanza alimenticia deficitaria.

Es buen momento para afianzar las relaciones con China, quien tal vez tienda a ejercer menos influencia en la política fiscal nacional. Los préstamos chinos del pasado suenan a tasas de interés altas como resultado de la corrupción del gobierno anterior y a intermediación petrolera con condiciones que perjudican al Ecuador. Hacerlo bien, implica una curva de aprendizaje sin desmejorar relaciones internacionales con los demás.