Columnas

¿Y la vivienda popular, presidente?

'Y así Mario Plúa y ese ejército infinito de pobres está desamparado'.

La situación de Mario Abelino Plúa es la de miles de compatriotas que no tienen donde vivir. Angustiados y con una familia a cuestas, se suman a las filas en busca de empleo, y terminan la tarde con la desilusión de no encontrarlo y no tener qué llevar a los suyos. Llega a su covacha en Monte Sinaí y su mujer le enseña notificaciones para que desocupe el solar, y empieza la segunda parte de su viacrucis. La primera fue un lapso de varios días en que se albergó donde parientes, mientras buscaba un sitio donde asentarse. 

Le recomendaron averiguar sobre la compra de unos pocos metros en ese sitio del suburbio guayaquileño, acudió hasta el lugar y le dijeron que no vendían solares pero que si quería levantar su casa lo podía hacer en cualquiera de los espacios a la vista. Mario no tenía alternativas, había dejado su originario Paján forzado por el hambre y se trasladó a Guayaquil junto con su mujer y sus tres hijos de 5, 3 y 1 año. 

La generosidad de los suyos en el Puerto no alcanzaba para mantener a su prole y no le quedaba otra alternativa que comprar, con sus escasos recursos, unos pocos bloques, unas tablas, y recoger cartones en los portales de los negocios del centro y de la Bahía.

Mario hizo de todo para sobrevivir, vendió frutas, humitas, pero lo que conseguía como ingreso era insuficiente para afrontar los gastos cotidianos. Y ahora, con las citaciones en sus manos, debe afrontar la segunda parte de su calvario. Había vivido en Monte Sinaí desde abril del 2017 y en octubre del 2019 le llegaron una notificación de la Secretaría de Asentamientos Humanos Irregulares dándole 48 horas para que se retire, so pena de ser desalojado de ese terreno que había sido cedido por el Cuerpo de Bomberos al Miduvi.

Acudió a la Defensoría del Pueblo; ella pide al Miduvi que lo reubique y este nunca contesta. Mario Plúa solicita al Ministerio de Inclusión que le haga constar en su Registro Social para asegurarse vivienda, pero tampoco le hacen caso.

Y así Mario Plúa y ese ejército infinito de pobres está desamparado.