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¿Y la ética, abogado Nebot?

'Extraña, eso sí, que a pesar de los cambios que dice haber asumido, no maneje la menor idea de ética pública (de eso se trataba el juicio a Atamaint)’.

¿Jaime Nebot se metió un autogol en el juicio de Diana Atamaint? Las apariencias dicen que no. La presidenta del Consejo Nacional Electoral, CNE, sigue siendo mayoría con Esthela Acero, correísta, y José Cabrera, representante del socialcristianismo. Ese partido hace, entonces, parte de esa mayoría que puede manipular procesos electorales, como le permitió a Pascual del Cioppo que intervino en uno de los escándalos (en la provincia de Los Ríos), por los cuales Atamaint fue llamada a juicio político.

En términos políticos —en esa dinámica nacional en la cual la institucionalidad es una quimera condenada a figurar solo en los libros—, Nebot hace parte de los ganadores. Ese CNE, en el cual su partido tiene un peso decisivo, organizará, promoverá, fiscalizará y arbitrará las elecciones presidenciales y legislativas de 2021. Esa es la realidad. Y en esa realidad, él aspira —hasta que no diga lo contrario— a ser candidato y, eventualmente, a ganar.

Es ahí donde la apariencia y la realidad no calzan. Ese CNE está debilitado y profundamente desacreditado. No inspira confianza ni credibilidad. Una cosa es que no haya habido los votos para llevar al pleno a Diana Atamaint y otra, muy diferente, que no hubiese motivos para juzgarla indigna de presidir esa institución. Nada dijo Nebot. Ni siquiera insinuó -como cuadros suyos sí hacen- que tenían que irse Atamaint, José Cabrera, Esthela Acero, Luis Verdesoto y Enrique Pita. Y si esa era la solución para devolver la confianza a los electores, la Asamblea debía haberla viabilizado. Porque así como se cree que este CNE sirve los intereses electorales de Nebot, de Correa y de Vargas e Iza, sería intolerable que se cambie por otro sospechoso de servir los intereses de Guillermo Lasso. O de cualquier otro candidato. Que se vayan todos.

Nebot nada dijo. Y su partido adhirió a la tesis peregrina de Atamaint (o viceversa) según la cual la querían destituir porque Lasso quería alzarse con esa institución. Los socialcristianos sumaron reparos estultos (el juicio estuvo mal planteado, hubo una matriz para juicio político que fue copiada…) y eludieron los temas de fondo. De eso se trata. Se trata de fraude electoral, se trata de un delincuente confeso contratado como director de Procesos Electorales del CNE. Se trata del desconocimiento por parte de Atamaint de pruebas que indicaban que ese individuo en vez de hoja de vida tenía prontuario delincuencial.

Nada dijo Nebot. No porque no sabía sino porque él es el representante más genuino que tiene la ‘realpolitik’ en el país. En ella, pesan tres excusas, tres coartadas que los socialcristianos manejan puertas adentro. Una: los políticos siempre han metido mano en el CNE. Dos: esa institución siempre ha sido criticada. Tres: el CNE fue rifado, en noviembre de 2018, y quedó como quedó. Conclusión: no hay nada nuevo. Este CNE, al margen de los escándalos que produzca, hará las elecciones en 2021. Esa es su ‘realpolitik’.

No extraña entonces que Nebot, como copropietario del CNE, se haga de la vista gorda. Extraña, eso sí, que a pesar de los cambios que dice haber asumido, no maneje la menor idea de ética pública (de eso se trataba el juicio a Atamaint). Sorprende que si piensa correr en las presidenciales y si piensa ganar, se haga cargo —con su silencio y la acción de su partido— de un CNE que ancló las peores sospechas en el electorado. Ese lastre pesará sin remedio en el 2021 y afectará en grado sumo la legitimidad de la victoria, si Nebot llegase a ganar.

Ese Consejo Nacional Electoral debe irse todo, por el bien de la endeble institucionalidad.