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Ecuador es un trapiche

Avatar del José Hernández

´'El monstruo que parió Montecristi pudo actuar con acuerdo ciudadano. Con Lenín Moreno, el país regresó al libreto que es el suyo desde el retorno a la democracia’.

Estas últimas semanas han condensado la realidad política en la que se mueve el país. Y, aunque hay queja y zozobra, los ciudadanos conocen de memoria lo que ocurre, por qué ocurre y cuáles son las consecuencias para ellos y el gobierno de turno. Y lo admiten. Así ha sido, salvo en el caso de Rafael Correa, cuando el país canjeó bienestar (derivado de la bonanza petrolera) por pérdida de libertades. El monstruo que parió Montecristi pudo actuar con acuerdo ciudadano. Con Lenín Moreno, el país regresó al libreto que es el suyo desde el retorno a la democracia.

1. El desajuste institucional: los asambleístas son elegidos en la primera vuelta; el presidente en la segunda. Los ciudadanos generan una disonancia institucional y la padecen como si fuera obra ajena. El país político del 7 de febrero de 2021 es radicalmente diferente al del 11 de abril de 2021 y los ciudadanos que lo generan saben que esa anomalía política no la procesa democráticamente la sociedad política. Guillermo Lasso (aquí se puede poner cualquier nombre), con 12 de 137 asambleístas, es virtualmente un presidente amarrado.

2. El ‘statu quo’ es la regla: no importan los programas de gobierno ni los planes nacionales de desarrollo. El presidente que gana está destinado a llegar al mismo punto: las fuerzas políticas y sociales actúan como guardianes de un orden preestablecido cuyo sinónimo más adecuado es inmovilismo. Lasso pretendía introducir ciertos elementos de modernización. En menos de 5 meses -con proceso de vacunación exitoso- comprueba dos hechos. Uno, el país político y los sectores sociales no están interesados en los cambios sino en renegociar sus espacios de poder. Dos, si quiere permanecer en el poder debe plegar y no alterar el ‘statu quo’.

3. La estabilidad tiene precio: la política no es el arte de convencer; tampoco un conjunto de valores o convicciones que se proponen y se defienden. El destino del Ejecutivo sigue siendo el arte de retacear el Estado para cederlo a los grupos de poder que suman, además, prebendas y manipulan la Justicia. Si el Ejecutivo acepta ese reparto y sus consecuencias, tiene estabilidad. La supuesta “habilidad política” es un cuento. Como se practica la política, la lucidez del Ejecutivo consiste en entender que para evitar intentos de golpe, debe ser rehén de fuerzas voraces e irracionales.

4. La política carroñera es aceptada: Andrés Arauz y Yaku Pérez pierden. Desaparecen. Y cuatro meses después asoman. Arauz para pedir destitución del presidente. Pérez para exigir una investigación nacional e internacional con el mismo fin y sin evidencia alguna del supuesto delito. Esa es la política carroñera. Los tambores de golpe suenan cuando quien está en Carondelet no ha escuchado las presiones hechas por debajo de la mesa. Y se resiste a aceptar las condiciones impuestas por todos los grupos de poder: partidos y movimientos, sindicatos, sectores sociales, indígenas, transportistas, gremios agrícolas, comerciales, industriales… ¿Qué quieren todos? Que nada cambie; salvo, de pronto, el nombre del presidente…

5. La ciudadanía es un espejismo: ningún estudio ha explicado por qué los ciudadanos del país son lo más parecido a los aficionados a los toros: ven la corrida desde lejos. Como un espectáculo. Saben que hay 280 movimientos y partidos. Saben que la primera y la segunda vuelta producen un frankenstein político. Saben que sacar presidentes de nada sirve. Saben que como están las cosas, la política es el arte del inmovilismo, la corrupción e inestabilidad institucional. Saben que Ecuador es un trapiche. Y lo admiten.