Columnas

AP debe pedir perdón al país

'Nadie les dijo. Nunca vieron nada. Capítulo cerrado'.

¿Qué hacer con Alianza PAIS? El presidente Moreno no ha dado señales de estar concernido por esa pregunta. Ese partido estuvo en el centro de la disputa con el correísmo a finales de 2017 y comienzos de 2018. Moreno, ajeno a la vida militante, entendió, no obstante, que no podía dejar esa maquinaria, experta en ganar elecciones, en manos de Ricardo Patiño, Gabriela Rivadeneira y demás militantes correístas. El control pasó a su campo. Se convirtió en presidente de ese partido cuya actividad pública es prácticamente inexistente: Gustavo Baroja, exprefecto de Pichincha, es su secretario ejecutivo y no tiene incidencia pública ni exposición.

¿Qué hacer con Alianza PAIS? La pregunta vuelve ahora, al calor del ambiente electoral, entre asambleístas y militantes morenistas y otros que no se reconocen morenistas y sueñan con una tercera vía: ni Correa ni Moreno. Una Convención Nacional está programada para el próximo mes. Antes, habrá una reunión con Lenín Moreno para definir el futuro inmediato de esa colectividad. En Alianza PAIS hay conciencia del deterioro sufrido tras la gestión correísta. 

Pero, al mismo tiempo, creen que el partido goza de un posicionamiento en parte del electorado que puede ser capitalizado políticamente. Ya no aspiran a liderar una tendencia pero sí a hacer parte de un frente político con sectores indígenas, Democracia Sí e incluso Izquierda Democrática. También están pensando en refrescar nombres y rostros: César Litardo, presidente de la Asamblea, podría hacer parte de esa lista.

El dilema de Alianza PAIS no es electoral: es programático y también, y sobre todo, de credibilidad. Nadie, empezando por Lenín Moreno, se hace cargo de los pasivos del correísmo. Por supuesto reivindican la obra pública y los progresos sociales mientras la bonanza petrolera los aupó. La toma de la Justicia, el secuestro del CNE, el autoritarismo, el endeudamiento con los chinos, el hiperpresidencialismo… Todo eso corre por cuenta exclusiva de Correa. 

Ahora también surgen héroes desconocidos por la opinión: aquellos que hicieron, puertas adentro, una guerra interna sin cuartel y manifestaron su oposición a decisiones, políticas y actitudes del correísmo’.

La corrupción por supuesto los escandaliza y la denuncian retóricamente y sin tregua. Pero la consideran total y absolutamente ajena al movimiento: los corruptos no eran militantes de AP. Y hacen la lista: Jorge Glas, los hermanos Alvarado, Alexis Mera… Del dinero extorsionado o canjeado por contratos que iba para sus candidaturas nada saben. Nadie les dijo. Nunca vieron nada. Capítulo cerrado.

Ahora también surgen héroes desconocidos por la opinión: aquellos que hicieron, puertas adentro, una guerra interna sin cuartel y manifestaron su oposición a decisiones, políticas y actitudes del correísmo. Militantes que no fueron escuchados y, peor, que fueron perseguidos. Genuinos demócratas que nunca supieron de negociados y de buena fe ignoraron las denuncias que hacía la prensa.

No se nota esfuerzo alguno para patear el balón a canchas ajenas. No hay en AP noción alguna de lo que significa la responsabilidad política. Haber sido, por acción u omisión, cómplice de la mayor empresa autoritaria y corrupta que ha tenido el país. AP sigue siendo una maquinaria experta en el síndrome del chivo expiatorio y el lavado de manos

No hay siquiera la convicción de que hay que pedir perdón al país por el autoritarismo y el despilfarro. Nadie evoca la necesidad de que el programa político futuro se base, si son demócratas, en las lecciones aprendidas de diez años de poder total, arrogancia, irresponsabilidad fiscal e impunidad. 

Ese sería el primer paso, político y ético, para que el país mire con menos recelo la maquinaria que usó Correa y que ahora busca desesperadamente un timonel.