Columnas

Universidades pos-COVID

"El estudiante tiene que ser preparado ahora para “enfrentar con sobriedad” los rigores de la época"

Hace pocos semanas, en medio de los embates más fuertes de la pandemia, un presidente y dos rectores de las más prestigiosas universidades latinoamericanas, Salvador Alva del Tecnológico de Monterrey, Ignacio Sánchez de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Alejandro Gaviria de la Universidad de los Andes de Colombia, reflexionaron sobre el futuro de la educación en el espacio McKinsey Talks. 

Fue importante escuchar de ellos cómo sus instituciones estaban respondiendo a la pandemia que, igual que a todo el mundo, obligó a cambiar procedimientos, protocolos e incluso formas de relación en sus respectivas comunidades universitarias. Fue una lección de cómo improvisar a la universidad, salvaguardando la salud de colaboradores y estudiantes, el mantenimiento de la calidad académica y la subsistencia de la institución. No eran tiempos fáciles para hablar del futuro.

Ahora sin embargo, lo urgente es delinear el futuro próximo. Es lo que plantea José Joaquín Brunner. Más allá de todas las medidas de emergencia que se puedan tomar, siempre importantes pero insuficientes, se trata de encontrar un nuevo ideal educativo. A nuevas realidades, nuevas virtudes. 

La educación supone una visión del ser humano en la época que le toca vivir. El estudiante tiene que ser preparado ahora para “enfrentar con sobriedad” los rigores de la época. Es la virtud de la resiliencia, la fortaleza de carácter frente a la adversidad. Conscientes de lo que ha pasado, sin falsas expectativas, seremos capaces de adentrarnos en un nuevo futuro.

A muchos preocupa este nuevo tiempo. La supervivencia frente al virus va a implicar cada vez más controles, incluso a la intimidad de las personas y a su realización social. Es lo que preocupa a Harari. Es necesaria una ética de la responsabilidad y no de la abundancia. Por supuesto, y esto es algo que no parece suceder entre nosotros, siempre que se considere que el COVID ha traído una época diferente para la que no estábamos acostumbrados y que nos obliga, en el caso del Ecuador, a revisar nuestro pacto social.