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Expiración

¿Qué es la voluntad popular? ¿Es la cacofonía de Twitter? ¿Son los desmanes de los últimos meses en Hong Kong, Santiago, Quito o Barcelona?

La idea según la cual la democracia es el sistema de gobierno de las mayorías presupone que existe una llamada voluntad popular. La democracia moderna, occidental, representativa, liberal, como la llaman los politólogos, se va acercando a su fecha de expiración.

El ingenio de Rousseau, Montesquieu, Bodin, Locke o Sieyes, lo que permitió fue transmutar la voluntad divina, sobre cuya base se legitimaban las monarquías absolutistas, en la voluntad del pueblo. Así se fundaron nuestras democracias. Pero la historia política no termina con la transición del soberano rey al soberano pueblo.

¿Qué es la voluntad popular? ¿Es la cacofonía de Twitter? ¿Son los desmanes de los últimos meses en Hong Kong, Santiago, Quito o Barcelona? ¿Es acaso la kafkiana burocracia de los informes, firmas, votos, auditorías y áridos trámites que vuelven ajenas al pueblo las decisiones políticas? ¿Es la manipulación digital rusa de elecciones alrededor del mundo? ¿O son simplemente los algoritmos y “empujones” de las megacorporaciones, para usar el término traducido del nobel Thaler?

De entre escenarios posibles sobre el futuro de la política, aquí van dos.

Con blockchain, internet de las cosas y la inteligencia artificial a la vuelta de la esquina, es plausible que la voluntad popular, entendida como la suma de decisiones individuales, conceda a la tecnología la administración de sus asuntos públicos corrientes. Votaremos y nos quejaremos entonces por los Zuckerberg, los Brin o los Bezos y no por los Moreno, Nebot o Vargas.

En un mundo igual de distópico, las nuevas referencias identitarias, propias de la crisis del Estado nación, encontrarán cómo y dónde ejercer su propia y cohesionada voluntad popular.

Con fronteras territoriales distintas al Estado moderno, no va a ser sin violencia que cada quien, musulmán, conservacionista, autonomista, progresista, u otro, escoja bajo qué régimen político identificarse, algo impensable hace un par de siglos.

Risible como parece, los dos escenarios ya suceden. Solo son ignorados por quienes siguen pensando bajo el prisma del siglo XVIII.