Columnas

Aires de libertad

Todos estamos investidos de esta gran causa por la libertad, por lo que debo inevitablemente regresar al símbolo que usara José Ingenieros en su libro El hombre mediocre...

Siendo la noche del domingo 11 de abril en Ecuador o la madrugada del lunes en Madrid, cuando la vida me agarra escribiendo estas palabras, la coyuntura se presta para meditar acerca de las lecciones asociadas al proceso democrático que acaba de vivir el Ecuador. Total, entre el jet-lag, las emociones y las ansiedades del momento, me encuentro algo desvelado y muchas veces estas son las mejores circunstancias para tener la oportunidad de reflexionar un poco.

La primera lección que me asalta la mente es que tarde o temprano, el esfuerzo, la sensatez y la perseverancia terminan imponiéndose en la vida. Dicen que los ganadores no son aquellos que nunca fracasan, sino aquellos que no se dan por vencidos, y eso es cierto. Hoy quisiera relievar la tenacidad de Guillermo Lasso Mendoza, el gran triunfador de esta jornada. Él nos recordó que, en libertad, la voluntad humana es grande y poderosa. Nunca se doblegó ante derrotas coyunturales ni ante los momentos duros que le tocó vivir a él, y a su familia. En los aciagos días posteriores al 7 de febrero, tuvo la capacidad, humildad e inteligencia para analizar la circunstancia, enmendar los errores y reinventarse a sí mismo para con tenacidad seguir luchando hasta ganar la presidencia. Porque quienes conocemos a Guillermo desde siempre sabemos que ese ha sido el secreto de su éxito: un trabajo diario, inteligente, honesto e incansable.

Una vez más hemos podido comprobar que llevar una vida mediocre conlleva inexorablemente a alcanzar resultados mediocres, porque la serpiente no puede aspirar a elevarse y volar junto al águila. Hemos visto que mentir, difamar y andar cortando caminos por la vida para reivindicar pequeñeces de espíritu, no resulta ser buen negocio. Hemos notado que el discurso de odio y de lucha de clases proveniente de individuos acomplejados y de mentes perturbadas pega cada vez menos. Si algo han dejado claro estas elecciones es que lo que hoy aspira la mayoría de ecuatorianos no son odios ni dádivas, sino poder trabajar en paz y en libertad; sin taras ni complejos.

Soy un convencido de que la libertad es el diseño natural de la humanidad. Ha llegado el momento histórico de que reivindiquemos aquellas ideas que generan prosperidad, porque si bien el progreso económico será poderoso y autoevidente, jamás hay que olvidar que la libertad tiene enemigos poderosos y, si no se la defiende, se la pierde. No podemos defraudar la esperanza y la oportunidad que tenemos de prosperar porque, a pesar de las pruebas y los desafíos que se nos avecinan, indudablemente, este es el momento de la libertad.

Todos estamos investidos de esta gran causa por la libertad, por lo que debo inevitablemente regresar al símbolo que usara José Ingenieros en su libro El hombre mediocre, relativo a la incesante lucha entre idealismo y mediocridad: la figura de Perseo exhibiendo la inerte y reptilesca cabeza de Medusa. Una obra esplendorosa del maestro Benvenuto Cellini en la Piazza della Signoria de Florencia, cuya representación no podría Ingenieros describir de mejor manera: “Y en el gesto del bronce pareciera que el Idealismo decapitara a la Mediocridad, entregando su cabeza al juicio de los siglos”.

¡Hasta la próxima!