Columnas

Llegaste tarde

"¿Cuál será la suerte del emblemático edificio y todas sus facilidades técnicas? No me lo imagino"

Parodiando el título de una canción, inicio esta columna con una mezcla de nostalgia y pena, pues la idea de reducir al legendario hospital Luis Vernaza a uno, dos o tres pisos de un elefante blanco construido por la H. Junta de Beneficencia de Guayaquil, indigna. Tuve la suerte de hablar en una magna asamblea en la que se homenajeó al coloso por sus 450 años de existencia. Nadie en su sano juicio se imaginó este doloroso fin. No pasó jamás por mi mente, entonces, ni ahora, que se iba sin pena ni gloria, dejando entre sus paredes historia de la ciudad y del país. Sobrevivió más de una crisis. Hoy sucumbe víctima de una mala política del gobierno robolucionario y de la institución a la que pertenece.

La atención a afiliados del IESS solucionó las carencias de esa institución siempre cuestionada en lo que a salud se refiere. Las ingentes cantidades de dinero invertidas no se han reflejado en la calidad de atención que se brinda a sus cotizantes. Lo malo fue que la institución (JBG) aceptó una serie de exigencias que el tercerizador en sus unidades no fue capaz de brindar; adecuaciones por doquier para recibir a la fuente de ingresos nada despreciable. El problema empezó con la sobredimensión de la oferta y con atrasos en los pagos por los servicios prestados en las diferentes especialidades. La mayor deuda se generó por las cirugías. Como es costumbre en este país, el que paga inventa lo que sea para diferir o demorar los egresos. Vinieron las auditorías y se encendió la crisis, pagando por puchos y demorando de manera inaudita la cancelación de haberes, lo que originó despidos masivos y la mora con proveedores de insumos. Para rematar y casi al mismo tiempo, apareció el MSP con más taras. La institución sintió el golpe económico. El colofón lo conocemos: reducción de camas y exceso de profesionales que vieron truncadas sus carreras de muchos años de entrega al servicio de los necesitados. Nadie en los gobiernos del socialismo siglo XXI se preocupó de salvar al Vernaza. Se esmeraron en hundirlo más. Ahora parece que la vicepresidenta desea interponer sus buenos oficios para que el Estado honre su deuda. Con el respeto que se merece esta dama digo: llegaste tarde. ¿Cuál será la suerte del emblemático edificio y todas sus facilidades técnicas? No me lo imagino.