Gobernar es rectificar (final)

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Gobernar es rectificar (final)

Soplan malos vientos. Pese a ello creo que podemos evitar el huracán. De la voluntad de cambio del gobierno depende, y también de la de los ciudadanos, haciéndoselo notar’.

Pese a todo, persisto. Si el gobierno Lasso fracasa los riesgos para el Ecuador son mayores que los que suponemos. El hecho de estar dolarizados, que se considera una ventaja, lo será solo para los especuladores financieros, los lavadores y los narcotraficantes.

El país dejaría de ser república y pasaría a ser un paraíso del crimen organizado, con peligro de que lo absorba el vecindario en aras de la seguridad continental.

No abrumo a los estimados lectores con más especulaciones negativas. Solo añado: el retorno de los de la década infame parecería un mal menor comparándolo con los gravísimos males que afligirían a la nación.

Por eso hay que rectificar.

No va a ser fácil, no únicamente por la tendencia presidencial a la autosuficiencia, sino que como en los problemas bancarios, cuando se pierde la confianza es complicado recuperarla.

Pero es posible. Para prueba de lo señalado, ahí está vivo y reluciente el banco Guayaquil.

Para ello, el gobierno tiene que estar dispuesto a la ampliación de su base política. Eso del encuentro debe dejar de ser únicamente un eslogan. Hay que recuperar y organizar al electorado no lassista que permitió la victoria. Hay que recuperar el liderazgo anticorrupción.

Creo oportuno organizar un gobierno de concertación nacional seleccionando a los mejores en cada una de las actividades a desempeñar. Los mejores digo, aquellos que saben y pueden. Los probados en sus campos de acción. Los de teoría y práctica. No se trata del reparto de la troncha. Se trata de salir juntos de la crisis, con patriotismo, con desprendimiento.

Y, por supuesto, hay que comunicar. El 24 de Mayo, sobre todo.

Partir de hechos y no palabras tiene todo el sentido que permite argumentar sobre la elocuencia superior de los hechos. La gente de nuestro pueblo, del campo y los barrios urbano-marginales, necesita pruebas para volver a creer. La palabra democracia no existe en su vocabulario ni en sus esperanzas. Hay que recuperarla con un amplio presupuesto para lo social. Y con ella el amor por las libertades y su defensa. Hay que convertir en ciudadanos a los habitantes con cédula.