Mientras se educa al pueblo

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Mientras se educa al pueblo

Yo insisto en que la conformemos y actuemos en consecuencia, ya. ¡Ánimo!

El maestro argentino Sarmiento creía que el pueblo era el soberano y por tanto, había que educarlo. Y muy bien, me permito agregar. No solo en razón de que es su derecho sino también en resguardo de la democracia. No siempre es cierto aquello de que la voz del pueblo es la voz de Dios, tal cual se acostumbra creer y decir. Precisamente entre Jesús y Barrabás, “el pueblo” escogió a Barrabás. Claro que recordarlo no es políticamente correcto, pero me lo permito a sabiendas de las críticas a que puedo someterme. Los días no están para ponerse a cuidar la imagen intelectual. La obligación es decir, alto y claro, que si continuamos desligados de la responsabilidad ciudadana de intentar superar el actual estado de cosas, se corren graves riesgos; por ello, todos estamos obligados a transmitir nuestros mejores anhelos de lo que debe ser la república y, compartiéndolos, tratar de convertirlos en la nueva utopía a perseguir. El diagnóstico aislado ya no basta. Está hecho y las coincidencias ratifican su buena elaboración: estamos en la m y hay que volver pronto a la a. La enfermedad es grave pero tiene tratamiento. Solo requiere civismo: esa preocupación por lo que atañe a la patria no es difícil de recuperar. Ese es el rol principal de las élites, mientras educamos a Juan Pueblo. Por élites hay que entender a los mejor preparados y más nobles y honestos. Los PhD pillos no nos sirven. Los que quieren comprarse el poder para satisfacer un capricho vanidoso, tampoco.

Necesitamos una coalición de los mejores, empeñados en el rescate de la república. Sí, el esfuerzo es arrancarla de las manos de sus secuestradores. Bien se sabe que ellos son una banda poderosa político-delincuencial, donde se mezclan distinto tipo de intereses mezquinos, ajenos todos ellos al interés nacional. Las próximas elecciones son la oportunidad de desterrarlos del poder pero, hay que comenzar ahora a organizarse para lograr triunfar. Derrotarlos es un esfuerzo común, de todos, mas hace falta una élite lúcida que conduzca el proceso.

Yo insisto en que la conformemos y actuemos en consecuencia, ya. ¡Ánimo!