El comienzo del cambio político

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El comienzo del cambio político

Dice Sarmiento: “Si el pueblo es el soberano, hay que educar al soberano”. Si lo decidimos, como esfuerzo de todos, será posible con éxito’.

Ha demorado un año. Evidentemente, había tareas pendientes pero no se reconoció la prioridad de lo político. Aceptemos, como plantea Edgar Morin, que “todo arte político, como toda esperanza humanista, debe tener en cuenta las ambigüedades, las inestabilidades y las versatilidades humanas”.

Se hizo muy bien priorizando la vacunación para evitar más muertes y para posibilitar la reactivación económica. Pero no se dotó al Ministerio de Salud de nuevas políticas públicas, acordes con los requerimientos pospandemia y la racionalidad mínima que se perdió en los afanes noveleros, tantos que se logró un récord mundial en inestabilidad ministerial. Sin embargo, muchos de los hospitales negociados como cuotas “de gobernabilidad” permanecen en las mismas manos.

Se ratificó la voluntad de garantizar la libertad de expresión y muchos que estuvieron silentes durante la década infame recobraron la voz. El único que no supo manejar la comunicación, aprovechando el clima propicio para una amplia información democrática, fue el propio Gobierno. Creo que hasta ahora no hay una política de comunicación y el vocero, en grave riesgo de lógico desgaste, es nada menos que el presidente de la República.

Por el estilo, lo bueno, lo malo y lo feo ya fue. No cabe llorar sobre la leche derramada.

Ahora, la consulta que está por convocarse es la brillante oportunidad para avanzar en una indispensable reforma política integral, que, por fin, le abra camino al progreso en libertad y sin corrupción.

Los tiempos que vienen, como secuela de la invasión rusa a Ucrania y la propia reanudación de la actividad política, sumada a la que seguirá desplegando la poderosa mafia político-delincuencial que hará todo esfuerzo por impedirnos avanzar, conviene reiterarlo hoy, requieren de un gran esfuerzo ciudadano que, como bloque ético-democrático, le cierre el paso a la posibilidad de que el Ecuador, a doscientos años de su independencia, sea otra vez tomado por asalto por quienes están temblando en sus guaridas pendientes de lo que puedan revelar dos excontralores.

Convoque a esos ciudadanos, presidente.