Columnas

Se alquilan partidos políticos

"Espero que a la fecha las transacciones no hayan concluido"

El tipo de comercio del presente cañonazo no es nuevo. Ya ocurrió con un partido histórico caído en manos mañosas. Una gloriosa bandera se convirtió en trapo sucio. El hecho trascendió en el comentario público porque era raro por entonces. Ahora, ‘o tempora, o mores’, a nadie le llama la atención que se conozca de la puja por ponerse de acuerdo en el alquiler de tal o cual partido.

Como en todo buen comercio, el precio depende del cliente. Si se sabe que es “solvente”, el precio sube. Si el tiempo apremia para llegar a la fecha de inscripción de la candidatura, el precio sube más. O baja, según el alquilador vea que ya no quedan clientes potenciales, o por desistimiento, o por arreglos electorales que fundieron varias candidaturas en una. Así, es posible alquilar partidos nuevos, sin uso. Como quien dice: por estrenar.

También los hay añejos y hasta con elección presidencial ganada pero, ahora venidos a menos. Con pretensión de ser agrupaciones ideológicas, han perdido su anterior atractivo: lo doctrinario ya no está de moda, eso de izquierdas o derechas es un cuento que ya nadie se cree.

Por eso, un grupo creciente de ciudadanos, en el que me incluyo, en la próxima campaña solo tenemos un candidato: la ética pública. Al país no lo pueden seguir parasitando. Ya no da más. Está anémico. Necesita de un buen vermífugo polivalente, que acabe también con las amebas y toda la fauna tropical y andina que lo está consumiendo. Y la dosis tiene que ser lo suficientemente fuerte para que se logren buenos resultados. No podemos fallar. Si el tratamiento no es suficientemente enérgico producirá algún género de agitación y después... todo seguirá igual o peor. Y a corto plazo los parásitos habrán adquirido resistencia y cada vez se requerirán dosis mayores o nuevos antiparasitarios para conseguir los efectos buscados.

Por lo mismo, cubriendo riesgos futuros, el tratamiento hay que comenzar a aplicarlo desde cuando ya estén inscritos los candidatos. Después, el juego de los intereses lo hace más difícil. La gente se alinea y si ya apostó querrá algún premio, equivalente a su inversión