9 de Octubre

  Columnas

9 de Octubre

No veneremos las cenizas de la historia, sigamos ejemplos: la libertad es la oportunidad de ser algo que nunca creíamos que seríamos

Este 9 de octubre celebramos una vez más la independencia de la Provincia Libre de Guayaquil, estado efímero en la historia, pero de huella perdurable en los habitantes de aquella exrepública que luego formaría parte del Ecuador. Sin entrar en discusión de que si estábamos oprimidos o no por España (según al historiador que se pregunte), hay un hecho indiscutible y es que aquella aurora gloriosa decidimos ser independientes, libres y constructores de nuestro destino.

No nacimos de la mano de un caudillo militar, dictador o por imposición de alguna potencia rival de España, la independencia fue obtenida de manera clara de la mano de un poeta, jurista y matemático, como lo fue José Joaquín de Olmedo, quien junto a hombres y mujeres de accionar decidido proyectaron una nación con una Constitución muy avanzada para la época, que incluso consagró la transparencia de las cuentas del Estado: “Artículo 7.- Cada mes se publicará un estado mayor de la entrada, salida y existencia de la tesorería. Cada tres meses se publicará un estado por menor de entradas y gastos públicos”.

Creo que la transparencia que motivó este artículo no es algo muy popular en nuestros días. Y es que somos muy dados a recordar las fechas de manera casi mitológica. Una vez que nació el mito se olvidan las ideas de quienes intentaron construir una mejor sociedad. El mito hace que los veamos alejados en el tiempo, como seres celestiales, olvidando que eran de carne y hueso, como nosotros, con temores, errores y virtudes; pero que, a pesar de todo, se atrevieron a dar un paso adelante.

Un territorio de 53.000 km cuadrados y apenas 70.000 habitantes se independizaba de un imperio de 20 millones de kilómetros cuadrados, casi el tamaño de la cara visible de la Luna. Así éramos cuando soñábamos en grande.

No veneremos las cenizas de la historia, sigamos ejemplos: la libertad es la oportunidad de ser algo que nunca creíamos que seríamos, la oportunidad de ser responsables de nosotros mismos; eso significa la independencia. Seamos dignos y dignas de ser guayaquileños. Olmedo nunca dejó de creer en nosotros, pues él no murió diciendo: “He arado en el mar”.