Columnas

Cambio de mando

...deberá comportarse a manera de taumaturgo o mago para cumplir con las tantas y costosas ofertas que le hizo a la población durante la campaña comicial, para ganarse al electorado’.

“Partir es un asunto dolorido/ como morir, al muerto y al ausente/ ni la fotografía más ferviente/ ni las cartas lo sacan del olvido”. Traigo a colación estos hermosos y estremecedores versos de Miguel Hernández, muerto en una lóbrega prisión franquista tras la guerra civil española del siglo pasado y lo hago al ocurrir una partida que es a la vez un comienzo, con motivo del cambio de mando que se llevó a cabo el pasado lunes, cuando también recordábamos la gloriosa Batalla del Pichincha, que nos libró del yugo colonial.

En tal circunstancia, que debe ocurrir cada cuatro años si un gobierno de facto, civil o militar no lo interrumpe, no juega precisamente el olvido. Todo lo contrario, porque el mandatario saliente ha de ser recordado en todos y cada uno de sus actos para continuar con sus logros, si es que los hay, y además para “refregarle” los errores e incorreciones cometidos, a nombre propio o del equipo de gobierno.

No se puede olvidar que Lenín Moreno llegó al poder por obra y gracia del correísmo (había sino nada menos que vicepresidente de Rafael Vicente) pero en el transcurso de su gobierno no solo se separó de sus autores sino que los combatió y acusó duramente. De tal manera que los correístas lo tildaron de traidor, mientras que los que no comulgaban con el exiliado y fugitivo en Bélgica aplaudían el nuevo rumbo que se había tomado desde Carondelet. Desgraciadamente, a Lenín le tocó enfrentar, ya con una duración de más de un año, la pandemia de COVID-19 que prácticamente paralizó al país y provocó millonarias pérdidas en los sectores públicos y privados. Así que no pudo dejar la mesa puesta o bien servida a su sucesor, Guillermo Lasso, quien pese a las dificultades económicas que enfrentará, deberá comportarse a manera de taumaturgo o mago para cumplir con las tantas y costosas ofertas que hizo a la población (bonos para desocupados, realización de costosas obras, vacunación a corto plazo, etc.) durante la campaña comicial para ganarse al electorado.

Pero como dicen que la esperanza es lo último que se pierde, debemos tener confianza en que el régimen entrante cumplirá por lo menos a medias o más allá de la medida de las circunstancias con lo prometido en los momentos de efervescencia política.