Nudo gordiano

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Nudo gordiano

Lamentablemente, la Asamblea actúa bajo el control de mayorías móviles coyunturales

Se ha tornado fangoso el andar del Gobierno con el manejo legislativo; no ha tenido dirección clara para mantener sus alianzas por errores propios y con ello, la aprobación de nuevas leyes está bloqueada.

Lamentablemente, la Asamblea actúa bajo el control de mayorías móviles coyunturales, con las que ha logrado de manera turbia, posicionar autoridades dentro del Legislativo, pasar leyes por el ministerio de la ley, regalar amnistías en combo y negar o archivar leyes que el Gobierno buscaba con interés.

Ante la muralla insalvable que se ha levantado en la Asamblea, contra los proyectos que promueve el Gobierno, el Ejecutivo ha manifestado de manera surrealista que va a trabajar sin esta institución, lo cual es inviable en democracia.

Lo que el Ejecutivo sí puede hacer es reglamentar las leyes, eliminar, reducir y controlar el pago de impuestos, recuperar lo robado, trabajar en el control de la delincuencia, entre tantas otras responsabilidades inherentes a su función.

El Gobierno, en su visión miope del problema político, concluye que no hay posibilidades inmediatas de trabajar ordenadamente con la Asamblea, pero vivimos en democracia y por ello, es imprescindible incorporar al Legislativo en la agenda de trabajo nacional. No puede ser que uno de los poderes del Estado pretenda ser aislado por otro, menospreciando la importancia que tiene, no obstante los bochornos a los que nos tiene acostumbrado en el ejercicio de sus funciones.

El presidente sigue mal asesorado y con falta de calle política. No puede corregir los destinos del país como lo hacia desde el sector privado, donde con una orden caminan las cosas; cuando en el mundo público, con la orden de ejecutar algo comienzan los problemas, junto a los diálogos y negociaciones, para establecer las ventajas que pueden lograr los involucrados en el proceso.

Bien por su decisión de reestructurar posiciones en su gabinete, pero aún le falta unirse a gente ducha, pero honesta, para que logren mezclar el agua y el aceite tantas veces como lo necesite nuestro país, desatando ese nudo gordiano que lo aprieta.