Columnas

Luna de hiel

La luna de miel del Gobierno con el sector político indígena duró poco. Era cuestión de tiempo, ya surgieron los impasses para convertirla en luna de hiel.

Los dirigentes de la Conaie conforman el ala radical de la misma. Su máximo representante ha anunciado, en tono amenazante, las acciones que iniciarán en caso de que el Gobierno no atienda sus demandas. Ellos piden que se elimine el actual sistema de aumento gradual de precio de los combustibles, así como el ablandamiento de las condiciones del sector financiero.

La alianza para nombrar a las autoridades de la Asamblea fue coyuntural, donde se buscó saciar intereses particulares sin comprometer la participación armoniosa de las partes. Veremos qué tanta cintura tiene el Gobierno, para sortear este escollo que resultará particularmente molestoso, considerando que ocurre en momentos en que, a pesar de avanzar exitosamente en el programa de vacunación, trata de aplacar varios incendios generados por el sector agrícola, transportista, corrupción en el sistema de salud, elevada tasa de criminalidad, narcotráfico, crisis del sistema carcelario, deudas con los gobiernos locales, problemas graves en la seguridad social, entre otros.

Los acuerdos políticos se unen con lazos de cristal que no soportan la más ligera presión. Para políticos de estreno, este aprendizaje será doloroso y extenuante.

El Gobierno tiene que tomar acción inmediata para evitar que estos reclamos prosperen y generen un ambiente acalorado de protestas, donde los anarquistas de profesión aprovechen para sembrar el caos, reeditando los motines, saqueos y actos vandálicos vividos en el Gobierno anterior.

El Gobierno debe evitar que la desesperación tome cuerpo en la mayoría de los ecuatorianos. La región adolece de este mal, claramente ha ocurrido en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y recientemente en Perú.

Cuando el pueblo siente que ha probado casi todo y que le queda poco por perder, es cuando escoge opciones mesiánicas, buscando que le hagan el milagro. Apoyemos la democracia y el orden constituido. No estamos para perder el tiempo.