Columnas

Siempre nos quedará Rusia

"Pero el resultado reportado aquí es claro y el principio científico de vacunación ha sido demostrado, lo que significa que otra vacuna puede unirse a la lucha para reducir la incidencia del COVID-19"

Porque es rusa, porque no había información, porque se produjo muy rápido... por esas y otras razones siempre se miró con cierto desprecio o incomodidad a la vacuna Sputnik V. Pues, bueno, ahora resulta que el desprecio era injusto.

Por canon aceptado y respetado en la comunidad científica, los artículos que se publican en las revistas médicas están sujetos a un proceso de revisión por pares (‘peer review’) que implica que cuando alguien envía un manuscrito o artículo para su publicación, ese manuscrito se remite a expertos independientes en el área que revisan -casi como jueces- el trabajo de quienes lo escribieron; y examinan los datos, buscando que las conclusiones sean consistentes con los resultados publicados. Y hasta que estos pares no estén convencidos de que los datos son certeros y que tiene valor para la comunidad médica, la publicación no se considera ‘peer reviewed’ y no tiene el peso o aval que ello conlleva.

La vacuna se encontró al inicio con cierta controversia después de que fue lanzada antes de que se publicaran los datos finales del ensayo. Pero según los resultados de la última fase de esos ensayos, publicados en la revista médica ‘The Lancet’, Sputnik V ofrece alrededor de 92 % de protección contra COVID-19. Son precisamente los resultados del ensayo de la Fase 3 los que ahora acredita y certifica ‘The Lancet’.

Esto implica un giro favorable en la lucha contra la enfermedad. Con lo publicado, la vacuna rusa se considera segura y brinda una protección completa contra la hospitalización y la muerte. El artículo de ‘The Lancet’ concluye diciendo: “el desarrollo de la vacuna Sputnik V ha sido criticado, por apuro inapropiado, por cortar las esquinas y por ausencia de transparencia. Pero el resultado reportado aquí es claro y el principio científico de vacunación ha sido demostrado, lo que significa que otra vacuna puede unirse a la lucha para reducir la incidencia del COVID-19”... Así de claro.

La Unión Europea, que desestimó la campaña de vacunación rusa como propaganda de un régimen político indeseable, hoy conversa con Moscú para utilizar la Sputnik V y poder inocular a 450 millones de personas, y superar un proceso que hoy cojea.

Dicho eso, lo que debemos tener claro es que la mejor vacuna es la que puedas clavarte en el brazo. No solo que todas son capaces de ayudar a la prevención de manera directa, es decir, con el vacunado... no, hay un beneficio indirecto muy grande -incluso para los no inyectados- que se materializa en que se va ganando inmunidad general: mientras menos gente se contagie (por haber sido inoculados) a menos gente ellos pueden contagiar. Además de que el o los pinchazos casi te garantizan que si contraes la enfermedad los síntomas serán leves (no vas a morir -al menos, no de COVID-) y no serás hospitalizado. Además, la Sputnik V, al igual que la de Johnson y Johnson, no utiliza mARN sino que usan antígeno, como las vacunas de toda la vida (allí hay opciones para los que quieran escoger la vía que más les convenga).

Es probable que la pandemia se vuelva endemia y que el mundo post-COVID simplemente no exista, y tengamos que lidiar con la enfermedad por mucho tiempo (quizá para siempre, como con la gripe). Pero para que llegue ese momento, es mejor vacunarse.