Columnas

El desafío civilizatorio de China

El respeto institucionalizado de la identidad regional y la autonomía ha aliviado el sentimiento separatista...

La fórmula de “un país, dos sistemas” de China en Hong Kong está fracasando estrepitosamente. Tras más de seis meses de protestas a gran escala a favor de la democracia -que incluyeron violentos enfrentamientos con la policía- los votantes suministraron el pasado noviembre un fuerte golpe a los partidos pro-China continental en los comicios electorales para la renovación de los consejos distritales, ya que dichos partidos perdieron el 87 % de sus escaños, que fueron ganados por sus rivales prodemocráticos. 

La importancia de dichos comicios no debe subestimarse. Si bien los Consejos de Distrito tienen poco poder, ellos seleccionan a algunos de los 1.200 miembros del comité electoral que elige al jefe ejecutivo de Hong Kong. En la próxima elección, los partidos prodemocráticos ocuparán casi el 10 % de los escaños en el comité electoral. 

Los comicios también tuvieron importantes implicaciones simbólicas. Los consejos de distrito se eligen en un proceso completamente democrático (en comparación con solo la mitad de los escaños en el consejo legislativo de Hong Kong). Al alcanzar una impresionante participación del 71 %, estos comicios se consideraron ampliamente como un voto de censura en contra de Carrie Lam, jefe ejecutiva de Hong Kong, quien tiene el respaldo de China. Algunas personas de Hong Kong han perdido la fe con respecto a la perspectiva de mantener su democracia dentro del esquema de “un país, dos sistemas” y se refleja en las crecientes demandas de independencia, que nunca fueron atendidas durante los 155 años de dominio británico. Y aunque sigue siendo una idea marginal, debido en parte al reconocimiento de la posición intransigente de China sobre la integridad territorial, casi nadie en Hong Kong menor de 30 años se identifica exclusivamente como chino. 

Existe una similar reacción negativa en contra de China en Taiwán. A principios de año, cuando Lam presentó un proyecto de ley que facilitaría la extradición de sospechosos criminales a China continental, el pueblo de Hong Kong se hartó. El gobierno de China intentó silenciar a los manifestantes, incluso arrestando a los principales líderes activistas. Consecuentemente, el movimiento de protesta quedó sin liderazgo, lo que imposibilitó negociar un acuerdo de solución. 

Muchos de los jóvenes manifestantes hoy creen que ellos tienen tan poco que perder, que de manera efectiva buscan una destrucción mutuamente garantizada”. Esto hace que las amenazas de represión de China sean prácticamente infructuosas y ahora enfrenta un dilema. A menos que se demuestre que la democracia -con su necesaria división- apoya el sueño del resurgimiento de la civilización, carecerá de legitimidad entre los nacionalistas chinos. La única forma de revivir el lema “un país, dos sistemas” es aceptar los conflictos intergubernamentales, un gran salto con dirección a la adopción de la democracia. 

El respeto institucionalizado de la identidad regional y la autonomía ha aliviado el sentimiento separatista en Tamil Nadu, Escocia, Quebec la región vasca y Flandes, y podría hacer lo mismo en Hong Kong y que incluso aliviane las tensiones en Taiwán. Pero, si China continúa reprimiendo el conflicto intergubernamental, solo quedará esperar cuál será el momento en el que colapse el modelo de “un país, dos sistemas”.