Columnas

Ciudades pospandemia

'Las áreas urbanas deben considerar la prevención, además de su «preparación para las crisis»'.

Nuestras ciudades no serán las mismas tras la Covid-19. En Italia nuestros hospitales han sido inadecuados y nuestras ciudades, planificadas para satisfacer necesidades en un momento muy diferente al actual, favorecieron el contagio. Y como este puede convertirse en una amenaza de largo plazo o crónica, adaptar el diseño y la gestión urbanos para combatirlo se ha convertido en una cuestión notable para los arquitectos. Planear correctamente implica diseñar un sistema en desarrollo con límites y una clara visión de los riesgos. La falta de hospitales llevó a una frenética y costosa carrera para construirlos en sitios que no fueron diseñados pensando en la salud. En Milán, el salón de exposiciones Fiera Milano City fue convertido en un centro de 25.000 m2 para atención sanitaria de emergencia con cuidados intensivos. ¿Qué hubiera ocurrido si su diseño inicial hubiese contemplado su objetivo principal y también la respuesta a una posible crisis? No podemos construir espacios urbanos con una funcionalidad única si queremos que sean útiles durante las emergencias. Lo «impensable» debe ser parte de las buenas prácticas de diseño urbano a partir de ahora, pues más de la mitad de la población mundial habita en ciudades, tierra fértil para virus y terroristas. Hay urgente necesidad de superar las brechas técnicas y normativas en la planificación urbana. Los esfuerzos de colaboración entre diseñadores, especialistas en logística y en seguridad deben establecer lineamientos y definir las mejores prácticas. Arquitectos y planificadores deben repensar los espacios compartidos (públicos o privados) para que sean más controlables, manejables y permitan su refuncionalización inmediata ante emergencias. También solucionar los problemas en infraestructura digital. Se ha vuelto aún más evidente la importancia de los datos que producimos para que los gobiernos puedan evaluar y predecir la difusión del virus y mitigar su impacto. Un enfoque poscoronavirus para el diseño urbano debiera integrar los datos que producimos con nuestros dispositivos electrónicos al sistema de información territorial, pero para eso hay que digitalizar los países. La Covid-19 exacerba la brecha socioeconómica entre quienes por disponer de medios financieros y educación digital necesarios tienen acceso a Internet y otras herramientas electrónicas y quienes no. El resultado predecible es discriminación, marginación y creciente desconfianza hacia el gobierno y otras instituciones. A Italia todavía le cuesta digitalizar sus organismos públicos. La UE debiera promover la estandarización, como lo hizo para crear un sistema de seguridad alimentaria internacionalmente reconocido. Esto facilitaría la digitalización dispersa, compartir información y crear tecnologías avanzadas y herramientas que fomenten el bien público. Una lección que deja la pandemia es que tenemos que superar el enfoque tradicional «de proyectos» y aprender a planificar de manera compleja, colaborativa e interdisciplinaria, considerando la evolución de nuestra percepción del riesgo. Los italianos aprendimos que la ciudades pueden pensar y sentir colectivamente, y algunos de los jóvenes, tal vez por primera vez se dieron cuenta de que la ciudadanía implica obligaciones además de derechos. Hoy, en medio de una tragedia histórica, la obligación más fundamental de todos es la de repensar el futuro.