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Diez centavos de subsidio. Para el pueblo que paga el combustible, que no es rico por tener un vehículo, son sueltitos.

Ochenta votos para la destitución. Una mayoría aplastante que, sin llegar a ser calificada, ha dejado a un presidente con el cargo, pero sin mucho poder. Una nueva frontera que divide a la Asamblea Nacional y que empuja al oficialismo de vuelta a su punto de origen, en compañía de viejos aliados que tantas veces despreció e insultó. Pero esos viejos aliados ya ni son amigos y le advierten al presidente que debe corregir urgentemente su gestión de gobierno. Primero tendrá que aprender a escuchar.

Diez centavos de subsidio. Para el pueblo que paga el combustible, que no es rico por tener un vehículo, son sueltitos. Para el gobierno, con un limitado espacio de maniobra presupuestario, son cientos de millones de dólares comprometidos. Para el país, tan necesitado de obras y servicios, puede sentirse como una respuesta indolente. En realidad, es un acto de desesperación.

Diez puntos exigidos por la Conaie. Demandas incendiarias nacidas de las llamas que el gobierno se rehusó a apagar, o por lo menos aislar, cuando tuvo la oportunidad. Tarde reconoció la emergencia en la salud. Demasiado tarde, con sangre en los tinteros, se sentó a negociar dispuesto a desembolsar lo que otros le habían pedido sin llegar a amedrentar ni exigir salvoconductos a la ciudadanía indefensa.

Ocho muertos, entre cinco manifestantes, dos pacientes y un militar. Un costo inaceptable en lo moral, porque el valor de una vida no entiende de matemáticas, pero lamentablemente muy fácil de manipular u olvidar en lo político. Ya están los actores estatales, partidistas y hasta civiles haciendo muecas y tapándose los ojos, pidiendo sobrias y lentas comisiones para unas, pero acción inmediata y justicia sumaria para otras. Así se miden las vidas con las varas de la vanidad y el odio.

Nula la esperanza, al menos a corto plazo. La gobernabilidad se va reduciendo y la oportunidad de atender nuestros intereses colectivos, plurinacionales y comunes se ve superada por la desesperación de algunos dirigentes de ejercer protagonismo o cobrar su venganza. Si se acababa este gobierno, ¿quién iba a venir? Los mismos cuadros electorales. La misma Conaie. La misma forma de hacer política.