Mañana será tarde

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Mañana será tarde

Este es un país de leyes pomposas, pero institucionalmente disuelto en los hechos’.

Diego Pérez, en el prólogo de la obra Bicentenario de Pichincha, afirma: “Desde 1830, me temo, sigue pendiente la definición y construcción del Estado como un proyecto común, reflejado en una constitución estable y de largo alcance. Un Estado en el que quepamos todos, sin perjuicio de ideologías y creencias.” Y tiene razón, pues jamás hubo un pacto social, sino, a lo sumo, cartas políticas cortadas a la medida de los caudillos de turno, que en algunos extremos llegaron a excluir a los no católicos de ciudadanía (Constitución de 1969) y en otros, a subyugar la individualidad bajo la ciudadanía igualitaria y servil de Marx (Montecristi 2008).

Tras la larga pesadilla del socialismo que tiene aún adormecido a medio Ecuador, su territorio mutó de canal de paso de droga a puerto de exportación, tercero en el mundo por cocaína incautada. En este narco-estado, expresión acuñada por Francisco Huerta (QEPD), las mafias paralizan, asedian, siembran el terror y la muerte, controlan jueces que reparten ‘habeas corpu’ a delincuentes. Tanto poder han adquirido que no necesitan tocar las puertas de los cuarteles para asaltar Carondelet: lo hacen desde sus instituciones, manipulando votos si hace falta, mientras en la calle son asesinados militares, secuestrados policías y quebrantadas las libertades de toda la sociedad. Y la impunidad sigue. Estamos frente a una caricatura de república que aplica la ley, salvo las excepciones de rigor, solo a los que obran dentro de ella.

Este es un país de leyes pomposas, pero institucionalmente disuelto en los hechos. Su arquitectura política es una estafa cívica. Sobrevive porque la empresa, que la hacen emprendedores, trabajadores, inversionistas y la sociedad que compra sus productos, empujan el futuro y se sobreponen, contra todo pronóstico, a las crisis creadas por los actores políticos. A puertas está el asalto final a lo poco que queda de un país libre y democrático. Si volteamos la página del paro criminal como si nada hubiera pasado, si nos engañamos pensando que la violencia quedó atrás y estamos ya en la senda del diálogo civilizado para resolver los temas nacionales, como si fuera un día más en la vida nacional, si no aceptamos que ese Ecuador al que nos aferramos ya no existe, no seremos capaces de construir un nuevo modelo de sociedad política donde quepamos todos. Si lo dejamos para mañana, será tarde.