¿Son opositores o son conspiradores?
Pero de lo que estamos seguros es de que la incapacidad para gobernar en estos dos últimos años ha incrementado los problemas sociales
En nuestra vida republicana, todos los gobiernos, sin excepción, han hablado y hablan siempre de conspiración cuando sus administraciones comienzan a tambalear. Afloran los problemas sin solución por falta de capacidad y voluntad política para resolverlos y la salida más sencilla es decirles a sus mandantes que alguien no les permite gobernar. Suele pasar que, a pocos meses del inicio de un gobierno, los electores se comienzan a desencantar y los índices de popularidad caen estrepitosamente, como es el caso de nuestro actual mandatario.
Es aquí donde comienza a construirse una narrativa de la conspiración, siendo el objetivo culpar a otros por su incapacidad de resolver los graves problemas que tenemos los ciudadanos y que le corresponde al Gobierno solucionarlos. Así vemos la narrativa de que la conspiración coincide con un malestar general por los altos índices de criminalidad y delincuencia común y organizada, la falta de medicinas en hospitales, la falta de empleo digno, la ingobernabilidad en las cárceles, sicariatos, la inercia en el combate a la corrupción e impunidad, la tragedia migratoria actual por falta de oportunidades, entre otros.
Hay que saber diferenciar entre opositores y conspiradores, porque también es un axioma que los gobiernos de turno se vuelven alérgicos a la crítica, a la oposición constructiva y a los contrapesos.
Como dijimos al principio, es un patrón que los gobiernos de turno recurran a la vieja práctica de denunciar conspiración cuando su nivel de confianza y aceptación popular está por los suelos. Más allá de ver teorías de conspiración en la oposición (existen desestabilizadores), sería una buena idea que el presidente Lasso haga un análisis retrospectivo a lo interno de su gobierno y rectifique sus errores. Muchas veces son sus mismos colaboradores quienes conspiran contra su gobierno por su ineptitud, indolencia, soberbia, cinismo, inoperancia e irrespeto.
Finalmente, como ciudadanos, lo que nos queda es saber diferenciar para evitar caer en el engaño y en la locuacidad de los políticos. Pero de lo que estamos seguros es de que la incapacidad para gobernar en estos dos últimos años ha incrementado los problemas sociales en el Ecuador.
Mario Vargas Ochoa