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Análisis Estratégico | ‘Guayaquil Vice’: ¿realidad o ficción?

Expertos coinciden en que la narrativa de una ciudad se construye con hechos, no con campañas publicitarias. El desafío no es responder a la fantasía

Uno de los cargamentos de droga que la Policía Nacional logró incautar.

Uno de los cargamentos de droga que la Policía Nacional logró incautar.Archivo particular.

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Lo que debes saber

  • La serie Clanes expone a Guayaquil como escenario del narcotráfico, reflejando una realidad que impacta su imagen internacional.
  • El caso de Miami evidencia que la reputación se transforma con acciones concretas en seguridad, no con reacciones frente a la ficción.
  • Hay que aprender de lo que hizo Miami. No se trata de negar la realidad, ni de maquillarla con una nueva marca ciudad.

Esta semana se estrenó la segunda temporada de la miniserie Clanes en Netflix en más de 190 países. Fue la serie de habla no inglesa más vista en su lanzamiento y alcanzó el Top 10 en 82 países y el número uno en 28. Su segunda temporada acaba de debutar como lo más visto en España.

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En el primer capítulo, traficantes colombianos asociados con españoles reclutan a una abogada y la invitan a conocer la fuente del negocio. No la llevan a Bogotá, Cali, Medellín o al Putumayo. La traen a Guayaquil. Ver a nuestra ciudad convertida en escenario clave de este infame negocio duele. Las tomas del aeropuerto y el breve recorrido que culmina en el tugurizado cerro del Carmen duran apenas unos minutos, pero quedarán grabados en la memoria de millones de espectadores alrededor del mundo.

Esa imagen me hizo evocar la indignación que sentían los colombianos en los años 80 cuando ‘Miami Vice’ los retrataba como sanguinarios narcotraficantes. Aunque la ficción exageraba el estereotipo, la realidad era dura. En esa época, Miami fue la capital del crimen, principal punto de entrada de cocaína a Estados Unidos y centro de lavado de dinero. La ciudad aparecía violenta y peligrosa en cada episodio. 

Sin embargo, sus habitantes no se dedicaron a protestar contra la serie ni a exigir que Hollywood le cambiara el nombre. Enfrentaron el problema. El FBI, la DEA, la Fiscalía y otros reguladores actuaron con fuerza contra los carteles y los ‘Cocaine Cowboys’. Con el tiempo, Miami dejó de ser una de las ciudades más violentas de Estados Unidos. La marca ciudad mejoró porque primero mejoró la seguridad.

El desafío de cambiar la narrativa de Guayaquil

Aquí, seguramente, vendrán reclamos airados de todo nivel. Se hablará de trato injusto, de estigma inmerecido y de exigir rectificaciones desde la Cancillería o el Ministerio de Turismo. La molestia es comprensible. Nuestra ciudad es más que esas tomas breves. 

Su ubicación estratégica puede ser una virtud o una condena, según cómo se la gestione. Pero el enojo, por sí solo, no cambia nada. La serie refleja una verdad incómoda que ya conocemos: Guayaquil se ha consolidado como un corredor clave del narcotráfico. El problema no es ficción y tiene repercusiones globales en nuestra imagen.

En lugar de limitarnos a la indignación, hay que aprender de lo que hizo Miami. No se trata de negar la realidad, ni de maquillarla con una nueva marca ciudad y campañas publicitarias nostálgicas, sino de enfrentar al crimen organizado con entereza y coordinación institucional. 

Se requiere control efectivo en los puertos, sus accesos, mayor presencia policial en zonas críticas, inversión en inteligencia sofisticada y voluntad política sostenida en el tiempo. Solo así mejorará la seguridad y con ella, la percepción externa.

Una perspectiva desde el marketing

Desde la comunicación y el ‘marketing’ urbano sabemos que la reputación no se defiende, se construye. Y se construye con evidencia. Cada operativo, cada tonelada incautada y cada red desarticulada debe convertirse en relato estratégico, consistente y verificable, al igual que la creación de nuevas oportunidades para los jóvenes, hoy tentados por el dinero fácil. No para maquillar la realidad, sino para demostrar que está cambiando.

Guayaquil no necesita una campaña para contradecir a una serie. Necesita una narrativa respaldada por resultados que la vuelva irrelevante. Cuando los hechos cambian, la conversación cambia. Y cuando la conversación cambia, la percepción también.

Ese es el verdadero desafío: no reaccionar al contenido, sino competir con él. No desde la ficción, sino desde la gestión. Porque en reputación, como en seguridad, no gana quien se defiende mejor, sino quien transforma la realidad que otros cuentan.

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