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Diario Expreso Ecuador

Análisis

Aranceles a Colombia: una guerra comercial irracional

Subir los aranceles al 100% es una medida sin racionalidad. Así no se logra lo que se busca en la frontera y, por lo contrario, dificulta el entendimiento

Daniel Noboa creó en febrero la tasa de seguridad, con la que castiga el comercio con Colombia.

Daniel Noboa creó en febrero la tasa de seguridad, con la que castiga el comercio con Colombia.Archivo / Expreso

Martin Pallares
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En la que quizá sea una de las piezas más brillantes del periodismo contemporáneo, los periodistas Maggie Haberman y Jonathan Swan de The New York Times reconstruyen la reunión en la que Donald Trump tomó la decisión más torpe posible: entrar en guerra con Irán. La nota desnuda la forma irracional y caprichosa en la que el presidente de los EE. UU. tomó la decisión que, finalmente, produjo los resultados contrarios a los que buscaba: una rendición de Irán sin el cambio de gobierno que se aspiraba y el fortalecimiento de sus dos rivales, China y Rusia. Si a esto se suma que el estrecho de Ormuz quedó más que nunca bajo control de los ayatolas y que el precio de las gasolinas se disparó en los EE. UU., el resultado de esa decisión fue un desastre.

Algo parecido, guardando las dimensiones, ocurrió en Ecuador cuando se decidió aumentar los aranceles a los productos colombianos al 100%. Una decisión que no traerá ningún beneficio a los ecuatorianos que verán como se encarecen muchos de los productos que consumen y que, mucho menos, producirá lo que para quien tomó la decisión era la prioridad: que el gobierno colombiano de Gustavo Petro refuerce la seguridad en la frontera por donde entra la mayor parte de la droga que se exporta por los puertos ecuatorianos. No hay duda de que, en efecto, esa falta de control ha contribuido a que la inseguridad se haya disparado abismalmente en el Ecuador, sobre todo en las zonas cercanas a las puertos por donde se exporta la droga. 

Sin embargo el aumento desorbitado de los aranceles decretado por el gobierno de Daniel Noboa no hará, ni en sueños, que el presidente Gustavo Petro de Colombia monte algún operativo para detener el flujo de droga. E igual como pasó en Irán, donde el régimen de los lunáticos y misóginos ayatolas se atornilló en el poder tras la declaratoria de guerra de Trump, el anuncio del Ecuador lo único que hará es que el gobierno de Colombia se obstine y se niegue a colaborar. Si en lugar de subir los aranceles al 30%, primero, y luego al 100%, se hubiera actuado con inteligencia y lógica y no según los delirios del gobernante, era mucho más probable que el Ecuador hubiera logrado un mecanismo diplomático idóneo para mejorar las cosas: por ejemplo Noboa pudo haber recurrido a sus buenas relaciones con el gobierno de los EE. UU. para que presione a Colombia.

¿El fin de la Comunidad Andina?

Ahora, ante el delirante anuncio ecuatoriano, el presidente Petro salió a decir que su país, ante esto que significa el fin de la comunidad andina, buscará mejores acuerdos comerciales con el Merco Sur y los países caribeños. “Esto es simplemente una monstruosidad pero significa el fin del Pacto Andino para Colombia. Nada hacemos ya allí. La canciller debe iniciar el paso en el mercosur a ser socios plenos y dirigirnos hacia el Caribe y centroamérica con más fuerza”, dijo Petro el jueves por la noche en X. Esa noticia, no es nada buena para el Ecuador. El economista Alberto Acosta Burneo ya lo dijo en X: “SI Colombia sale de la CAN, el golpe es directo para Ecuador. Perderemos un mercado de más de 50 millones de consumidores, accesible para nuestra manufactura. Y esas exportaciones manufactureras NO se pueden redirigir fácilmente a mercados más exigentes”. Según un análisis suyo, por cada 1% de aumento del comercio el PIB crece en un 0,5% del PIB y por cada punto de incremento en aranceles, el PIB cae en un 0,7%.

La decisión de Ecuador, por más entendible que sea su indignación por la falta de control en la frontera y por las impertinencias del díscolo de Petro sobre el ex vicepresidente Jorge Glas, al que llama preso político, es una tonta tontería. Además, el argumento de que tras el aumento de aranceles ha bajado la criminalidad en la frontera en un 33% aparece más como una falacia y un silogismo. Si esa relación fuera cierta, la solución a la inseguridad sería no solo poner los aranceles al 100% sino al 200%.

Lo de los aranceles impuestos a los productos colombianos también puede acarrear, si eso no pasó ya, el cierre definitivo a la posibilidad de que Colombia vuelva a vender energía eléctrica para los momentos de crisis en Ecuador. Como lo que le ocurrió a Trump, le puede suceder lo mismo a Daniel Noboa: las consecuencias a una decisión suya son contrarias a lo que supuestamente buscaba.

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