Una lección para meditar

  Cartas de lectores

Una lección para meditar

Esperemos haber aprendido una lección que deja heridas en todos y una severa nota de lo que nos espera si se mantiene la testaruda actitud de prometer lo que no se tiene capacidad de cumplir

Culminado un capítulo de la historia de nuestra patria queda un sabor amargo por las consecuencias desastrosas en la capital, reflejo de las actitudes de elementos que equivocaron el papel de luchadores por reivindicaciones sociales, y de actitudes prepotentes de autoridades que desoyen el clamor del pueblo., que se levanta y grita porque tiene hambre, marcha por las calles cuando sus derechos son conculcados y los designados por voluntad popular incumplen las promesas de campaña. Se conmovió la nación por los reclamos del sector indígena, el único de nuestra sociedad que ha tenido valor, entereza y capacidad de gritar por aquellos que en nuestros domicilios solo miramos a través de informativos cómo nuestras calles se han teñido de sangre, siendo mudos testigos del enfrentamientos entre hermanos, ante la impavidez de quienes hoy dicen: “el indio no nos representa”, estigmatizadores que han perdido el derecho a reclamar y que hoy fingen como reivindicadores de acciones ante las que se acobardaron. Los que todavía se imaginan de “distinta clase” por su cursi abolengo: ¿dónde estuvieron cuando los gobiernos descalabraron la economía, cuando la salud se convirtió en muerte, cuando a la educación la convirtieron en fiel representante de la desidia gubernamental, cuando se implantaron los precios de combustibles? Solo argumentaron que deseaban paz y salieron en procesiones con banderitas blancas y gritos. ¡Así corremos el riesgo de convertirnos en cómplices de acciones antipatria! Esperemos haber aprendido una lección que deja heridas en todos y una severa nota de lo que nos espera si se mantiene la testaruda actitud de prometer lo que no se tiene capacidad de cumplir.

Lic. Iván Vaca Pozo