Esmeraldas
¡En Esmeraldas hasta los letreros bailan!
Provincia del norte de Ecuador, con justificada razón ostentas el nombre de Esmeraldas. Los europeos que primeros la vieron quedaron maravillados de tu profundo, fuerte, extenso y fulgurante verdor, que los hizo exclamar ¡Tierra de esmeraldas! Exuberantemente bella, los afluentes de tus ríos borbotean en musicales chispas de agua cubriendo de humedales extensas sabanas y desde las altas montañas de Atacames se esparcen por los extensos llanos de tus prodigiosas vegas. Ese exótico invierno que te baña, que se resiste en marcharse, aparece a fines de noviembre y aun el Cinco de Agosto echa su última torrentada en la misma población del cantón Río Verde, como haciendo remembranza del sacudón de su grito emancipador de 1820. Con sobradas razones un anónimo turista décadas atrás del pasado siglo XX exclamó: ¡En Esmeraldas hasta los letreros bailan! Hoy nos cuesta dolor saber que está pasando por una arremetida brutal de la violencia delincuencial. Con lágrimas adultos mayores claman por mayor control policial y militar, lo cual no es suficiente. Lo que hoy está sucediendo es el resultado de años y años de abandono; sus poblaciones se acostumbraron a conformarse con muy poco, allanados a que tienen a mano abundantes productos alimenticios de sus feraces tierras, sus ríos y mar. Y ahora salen a relucir las faltas de oportunidades, la poca asistencia de servicios públicos, de salud, de óptimos planteles educativos. Le toca a la empresa privada hacerse cargo del andamiaje del desarrollo y progreso. Eso es lo que necesita esa provincia verde para que su gente no abandone sus terruños.
César A. Jijón Sánchez