Cartas de lectores: Una solución para los apagones
El orgullo sería del Ecuador como ejemplo para el mundo
Para ir directo al grano. Transformar la energía mecánica en energía eléctrica. La energía mecánica generada por las personas mediante pistas deslizantes, bicicletas estáticas, ruedas (para los que no pueden caminar) puede transformarse en energía eléctrica. Es algo que se conoce de siempre. Lo que no se les ha ocurrido a los jefes de Estado es emplearlo para ayudar a las personas más pobres o a cualquiera que necesite algo de dinero.
Lógicamente, la cantidad que puede generar un individuo es muy poca pero, ¿si lo hacen miles de personas, millones de personas, toda la población nacional, toda la población mundial? Esta idea se me ocurrió hace unos diez años cuando leí en EXPRESO que en un país asiático mantenían encendido un árbol de Navidad gigante con la energía generada por los visitantes que iban a observarlo. También hace pocos años, en tiempos de Nebot, siempre en EXPRESO, salió una foto de una muchacha que mantenía encendida una bombilla manejando una bicicleta estática. Cualquier ingeniero eléctrico puede hacer un diseño de una ‘fábrica de electricidad’, por decirlo de algún modo. Claro que se necesitaría también de ingenieros civiles, electrónicos, arquitectos, y trabajadores, lo que generaría fuentes de empleo para mucha gente. Además que Espol, Espoli y cualquier consorcio especialista en el tema tendría que emplearse en hacer las pruebas necesarias para la correcta implementación del complejo.
Se podría establecer en todas las ciudades, grandes y pequeñas, en los pueblos, en los recintos, en todas partes donde exista presencia humana. Calculo que en el tiempo que tendremos a Noboa como presidente tendríamos al proyecto funcionando. También es una idea para exportación. Tantos países con gente pobre que no tiene ni para su alimentación diaria, podrían beneficiarse. Hasta creo que en unos diez años ya no habría necesidad del Bono de Desarrollo Humano. El orgullo sería del Ecuador como ejemplo para el mundo. (Continuará).
Jorge Gabriel Pantoja Vera