Cartas de lectores | París bien vale una misa
Entonces, ignorar este proyecto de movilización sería un atentado contra el futuro de la capital
Así se asume que manifestó el que ascendería como el primer y gran monarca Borbón de la Francia católica, Enrique IV, en 1589, abjurando el protestantismo y convirtiéndose al catolicismo, simbolizando un agudo y sabio pragmatismo político proyectado a un objetivo que resultó majestuoso.
Ahora, ¿acaso Quito no merece una misa? Es el asunto del Metro capitalino, proyectado hasta Calderón, en modo subterráneo, con una inversión irrisoria, comparada a los miles de millones despilfarrados en escandalosos peculados que han masacrado económicamente al Ecuador. Esa construcción es impostergable, no solo enfocada como un medio moderno de transporte masivo, sino por sus profundas connotaciones sociales, económicas y políticas; ahora los nuevos y macroproyectos de construcción en altura, principalmente, sobre los 10 pisos, son planificados con unidades habitacionales asequibles, modernas, funcionales, de pequeña superficie, sin garajes particulares, visualizando esas nuevas generaciones que no ven al auto como un elemento vital de sus destinos. Ellos tienen otra expectativa de la vida citadina, conectada a un sistema de transporte masivo digno, rápido. El tren subterráneo es el insustituible medio para sintonizar con el éxito de aquellos grandes planes habitacionales, acorde a la nueva tendencia en las grandes metrópolis del mundo. Entonces, ignorar este proyecto de movilización sería un atentado contra el futuro de la capital, con menor contaminación ambiental, sin el probable colapso de tráfico y la inquietante agonía y decadencia de extensas barriadas.
Esperamos que el presidente, en su calidad de joven estadista, frente a una municipalidad que asumiríamos como corporación ciudadana, despojada de ominosos hilvanados ideológicos, sabrá instruir los avales del caso, sin cálculos políticos, sin afectos o desafectos y lograr lanzar este proyecto histórico e impostergable, impulsado por una fuerza institucional conjunta, que nos proyecte hacia el futuro y de hecho, hacia una esperanza en nuestro andamiaje político.
Augusto Osorio Madera