Cartas de lectores | ¡Ojalá no sea muy tarde!
¡Ay de mí si por esto una bala atraviesa mis líneas!; pero, ¡ay de aquellos que, víctimas del desgobierno
Aún no comprendo la pasividad de mi pueblo, que cada día siente la guillotina de la prepotencia que nos gobierna. La supremacía del poder se ha concentrado en unos pocos, hipnotizando a quienes, convertidos en marionetas de lila, son cómplices de la corrupción que cabalga en las esferas de poder. Las denuncias son el pan diario, pero nada hacemos para evitar sucumbir ante la ignominia que nos azota.
Causa estupor ver al presidente reírse de la oposición y perseguirla, mostrando omnipotencia junto a su séquito de ministros, mientras en las calles la gente muere por desempleo, hambre, delincuencia o represión contra quienes pensamos diferente. La seguridad es un recuerdo: el sicariato prolifera, también la usura y el chulco, el narcotráfico y el terrorismo acechan, y la oposición se esconde.
¡Ay de mí si por esto una bala atraviesa mis líneas!; pero, ¡ay de aquellos que, víctimas del desgobierno, prefirieron el silencio antes que luchar por una patria libre! No podemos ser pusilánimes ni dejarnos arrastrar por la pereza; debemos levantarnos y enfrentar públicamente el mal antes de que tome la nación entera.
Es entendible por qué los políticos evitan capacitar a sus bases: la ignorancia de las masas les facilita campañas de mentiras. Bajo la capa de la aparente lucha contra la desigualdad social se esconden intenciones verdaderamente diabólicas, expuestas con desvergonzada hipocresía.
Juan Idrovo Martínez