Cartas de lectores | ¡La esperanza en camino!

A Dios pidamos clemencia con urgencia, para que ilumine el discernir, llegue a su fin la violencia y en paz podamos vivir

Como pájaros heridos estamos en este mundo compungido, porque el sonido de la maldad arrasa sin sentido.

Llora el corazón y rendido implora, para que el amor se afinque ahora; se siente perdido por el dolor en que lo han sumido.

A Dios pidamos clemencia con urgencia, para que ilumine el discernir, llegue a su fin la violencia y en paz podamos vivir.

Que elimine la tentación de querer abarcar todo sin medida, son ambiciones malsanas que a la humanidad la tienen como maldecida.

Atrás, pensamientos y situaciones de horror, porque es mejor ser persona de honor; un abrazo, una sonrisa sin rencor, alegran el corazón.

Siempre debemos regalar felicidad, sembrando un mil de ilusiones que el alma aquilatará. Nada de accione a medias que compliquen la razón; es mejor clara la aurora sin visos de confusión.

El tiempo transcurrido, dichoso o confundido, habla sin palabras pero siente el latido de lo que se ha vivido, por eso tratemos de  respirar otra fragancia más sutil, más ligera, cual si fuera feliz ave viajera; escuchando sus  cantos, con sonidos de violines y voces de querubines, haremos nuestra vida placentera.

Aquí acuden a mi mente anillos de salvación. La música es un legado que no admite discusión, ella cubre nuestro espíritu con notas de alegre son, que apacigua los sentidos o lo embruja con candor; es una onda positiva que abraza con ilusión y nos llena de emoción.

Olvidemos los desatinos, que la esperanza viene en camino, para alumbrar y bendecir nuestro destino; ella se afinca en los sueños dorados, los busca con anhelo, olvidando el pasado.

Pidamos a la vida la luz que nos alumbra, para que ya no haya penumbra y que el viento nos traiga el ruido, porque si los pájaros cantan, el alma se levanta.

Así encanta la aurora con celajes radiantes, vestida de colores; anulando los amargos sinsabores.

Que la espera de la esperanza sea la dicha que se alcanza, para que llegue por fin la bonanza y podamos respirar sin tardanza la armonía; esa tranquilidad perdida que ha lacerado a las sociedades en forma desmedida, truncando el desarrollo integral de algunas generaciones.

¡Abramos nuestra puerta a la esperanza!

Myrna Jurado de Cobo