Cartas de lectores | Envejecer no es un castigo, es un privilegio

Terminar cada faceta de nuestra vida es una experiencia que implica una cantidad de cambios

En un abrir y cerrar de ojos, nos damos cuenta de que hemos crecido; somos adolescentes, adultos, o ya estamos mayores, y luego vemos que lo mismo se repite con nuestros hijos. El tiempo pasa inexorablemente, no se detiene.

Terminar cada faceta de nuestra vida es una experiencia que implica una cantidad de cambios. La vejez es vista con miedo y hasta con desprecio, a medida que se va acercando. No queremos que llegue, por el deterioro de nuestra vida, la pérdida de independencia, la limitación de nuestro cuerpo o el abandono de la lozanía que caracteriza la juventud. Pero estas son creencias negativas en cuanto al envejecimiento; no tiene por qué ser el declive de nuestra salud, ni de nuestra vitalidad. Lo más importante es cómo lo veamos; si como limitación, muy probable será así. Si aprendemos a verlo como una de las etapas más hermosas, en la que contamos con la experiencia y grandes lecciones de vida, nos muestra las amistades que perduran a lo largo de los años, le da valor a nuestros recuerdos y nos da total libertad para dedicarnos a algo que amemos, sin pedir permiso, sin fabricar el tiempo.

Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube, las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. No importa la edad, es solo un número. Mira la vejez con ojos del corazón. Esto nos permitirá llegar con la mejor actitud y hacer un buen uso del tiempo. Ha llegado el momento de cosechar lo sembrado. Nuestros hijos son padres; sean mejores que nosotros. Somos abuelos unos y bisabuelos otros. Disfrutemos de los nietos; enséñales cosas, nútrelos y sigue acumulando experiencias. Aunque las lágrimas no nos permitan ver con claridad y delaten nuestra fragilidad, quiero dar gracias a Dios por tanto bien recibido. La vejez es la edad dorada, disfrútala; que nadie te haga sentir menos valioso de lo que eres. Tienes mucho que dar, tienes mucho que contar y aún tienes mucho que escribir.

Sara María Garaicoa Granizo