Cartas de lectores | El regreso de los radares de la CTE

La seguridad vial se construye con educación, señalización visible y controles legítimos

El anuncio del posible regreso de los radares de la Comisión de Tránsito del Ecuador, ahora rebautizados con el ingenioso propósito de “mejorar la gestión vial”, merece aplausos... por la creatividad. Porque si algo ya quedó claro en el pasado es que estos dispositivos no nacieron para educar al conductor, sino para ilustrarlo rápidamente sobre cómo engrosar la caja pública.

El año pasado, en un viaje a Bahía, fui multado dos veces por supuesto exceso de velocidad en el mismo punto: Lomas de Sargentillo, de ida y de regreso. Un logro administrativo notable. En ambos casos no existía señalización visible que indicara una reducción de velocidad. Aun así, la tecnología fue implacable. El resultado: $ 640 en multas, emitidas por radares que luego fueron retirados cuando se comprobó lo evidente: no estaban para prevenir accidentes, sino para recaudar.

El sistema, además, es de una pedagogía exquisita. Si el ciudadano impugna y paga en la primera semana, recibe un ‘premio’ del 50 %. No es un descuento: es una lección acelerada de realismo. Pague rápido, no pregunte demasiado y siga su camino. Defenderse implica tiempo, desgaste y la certeza de que nadie lo escuchará. La culpa es secundaria; la recaudación, urgente.

Aquí no hay autoridad que explique ni institución que asuma responsabilidades. El ciudadano queda frente a un aparato que sanciona sin advertir, cobra sin prevenir y justifica sin rubor. A eso se lo llama control vial solo en el papel. En la práctica, es abuso administrativo con respaldo institucional.

Si los radares regresan sin señalización clara, sin transparencia técnica y sin garantías reales de debido proceso, no será para mejorar la seguridad. Será para confirmar una sospecha ya generalizada: que ciertos controles existen no para salvar vidas, sino para vaciar bolsillos con eficiencia digital.

La seguridad vial se construye con educación, señalización visible y controles legítimos. Todo lo demás es recaudación con uniforme. Y esa lección, lamentablemente, ya la aprendimos pagando.

Pablo Chiriboga Núñez