Cartas de lectores | El emperador está desnudo y busca que el espejo lo favorezca

Lo que no se ve, por supuesto, son los cambios reales que cualquiera ordenaría después de un golpe de realidad

Hay derrotas que dignifican y derrotas que desnudan. Ambas requieren de mínima honestidad intelectual para superarlas. Nuestro emperador prefiere negarlas y caminar, como el emperador de Andersen, convencido de que su traje invisible es una audacia estratégica y el silencio una genialidad comunicacional, mientras el país entero lo observa desfilar en la más cruda evidencia electoral: perdió, y perdió en serio. Pero aceptar un fracaso no es para cualquiera. Requiere un gesto simple y al mismo tiempo monumental: reconocer que algo -o mucho- se hizo mal. Y ahí es donde la historia se tranca. No se puede insistir en que lo que vimos no es lo que vimos, que los votos no son los votos, y que el referéndum que se diseñó para afirmar su liderazgo ha sido un sonoro fracaso. Mientras tanto, su círculo cercano -esa corte de sastres modernos- sigue bordando explicaciones, hilando excusas y cosiendo relatos que reclaman el cacareado ‘triunfó la democracia’ y que ya se notarán los cambios. Dicen que la derrota ‘es técnica, no política’. Todo muy elegante, muy fino, muy vaporoso. Invisible, de hecho. Lo que no se ve, por supuesto, son los cambios reales que cualquiera ordenaría después de un golpe de realidad: renovar profundamente el gabinete, reemplazar estrategas que viven enamorados de sus genialidades fabricadas con IA, despedir a quienes confunden propaganda con comunicación y aplausos del entorno íntimo con respaldo ciudadano. Pero para eso se necesita voluntad. Y para tener voluntad, primero hay que tener claridad. Y para tener claridad… bueno, hay que admitir que uno está desnudo. Por favor, vístanlo ya al emperador.

Como en el cuento infantil, hace falta un niño para gritar la verdad. En la vida pública ese niño se llama ‘referéndum’. Y ya gritó alto y fuerte. Hoy lo que corresponde es cambiar y reconocer que la soberbia es un mal asesor. Que seguir insistiendo en que todo está bien cuando mucho está mal no es liderazgo: es negación. El emperador está desnudo debe mirarse sin temor frente al espejo. Y mientras no lo haga el ridículo será cada día más visible.

Esteban García