Carta de un médico a la Asamblea Nacional

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Carta de un médico a la Asamblea Nacional

Los médicos ecuatorianos no necesitamos ningún reconocimiento de la Asamblea Nacional. Si no creen que es el momento de contestaciones, no lean esto.

Hace unos pocos días, esa tarea de rufianes y vagos de los asambleístas, que a duras penas saben usar el dedo para aplastar el semáforo y cumplir los mandatos de sus jefes de partido, votan por mayoría y en contra, lógicamente, por una propuesta de declararnos héroes de la patria a los médicos y personal sanitario de este país, por la labor que se está cumpliendo con este problema del coronavirus.

Me causó hilaridad ver que una mayoría absoluta se negó a este pedido y la verdad es que cómo pueden estos semovientes nombrarnos héroes, si estas mismas musarañas nos pusieron el dogal al cuello aprobando la ley de mala práctica médica, en la cual prácticamente se le criminaliza al médico y se nos dan penas condenatorias de hasta 5 años de prisión, se nos quita la licencia profesional, etc.

Pensar que esta intención por parte de alguno de ustedes, cuadrúpedos, es como pedir peras al olmo, como querer que un recluta condecore a un general o que un burro cabalgue a su jinete. No necesitamos que ustedes nos declaren héroes nacionales como les declaró el murciélago que vive en Bélgica a los barchilones cubanos y venezolanos que invadieron las áreas de salud en su mandato.

A ellos, un 24 de mayo de 2016, en la Cima de la Libertad, los declaró héroes de esta patria por haber venido a desasnar a los médicos ecuatorianos.

Primero tienen que lavarse con perfume la boca para hablar de mi gremio profesional, de mis colegas, sobre todo de esos médicos jóvenes y valientes que están entregando sus vidas por la salud del pueblo ecuatoriano, nosotros, los médicos ya somos considerados héroes por nuestras familia, por nuestros amigos y pacientes y con eso es suficiente.

Ustedes, despojos políticos, no pueden llegar a entender la satisfacción personal que sentimos cuando logramos recuperar la salud quebrantada de nuestros pacientes.

Es tan sublime y pura esta profesión que no nos queda tiempo para pensar en que a qué hora nos nombran héroes o nos dan títulos Honoris causa como repartir papel periódico.

El tiempo que tenemos es para entregarnos íntegros, con aciertos y en ocasiones con errores propios del ser humano, a hacer medicina y no para andar de vagos, como ustedes que sí tienen tiempo para condecorar y nombrar héroes a cantantes de medio pelo o pateadores de pelotas.

Para terminar, quiero manifestarles, recua de asimilas, que los médicos no necesitamos sentirnos héroes. Vayan sabiendo, serviles asalariados, que a nuestros bolsillos los pocos dólares que entran y que sirven para mantener dignamente a nuestras familias son fruto de un trabajo digno.

A nosotros nos pagan por trabajar y no por robar o calentar los puestos de una Asamblea que más se parece a un establo. Por la dignidad de la clase profesional médica.

Dr. Fernando Serrano Almeida