Mujeres chachis tejen la ‘cama de los reyes’

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Mujeres chachis tejen la ‘cama de los reyes’

El petate es un tipo de alfombra en el mundo rural. Esta etnia indígena habita una zona de selva al noroeste de Esmeraldas

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Una herencia familiar. La principal materia prima es la palma toquilla. María Quiñónez aprendió desde niña el arte de confeccionar canastos y petates.Yadira Illescas / EXPRESO

Es casi imposible seguir el ritmo de sus dedos. De manera hábil entrelazan las ásperas hileras de la paja toquilla. Acomodada sobre una desgastada sábana, que le sirve como asiento, Lucía Quiñónez da forma a un canasto. Apoya su espalda sobre las tablas de madera de la sala de su casa, sitio del cual no se levanta hasta que su trabajo haya terminado.

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No se desconcentra y solo gira su cabeza para mencionar varias palabras, sin que sus manos dejen de trabajar. Requiere mínimo dos horas para terminar un canasto pequeño. En un día puede hacer tres. Los petates son los más laboriosos, puede ocuparse hasta una semana.

El petate es una especie de alfombra que en zonas rurales de Ecuador e incluso en algunos países de América Central tiene mucho simbolismo. El historiador Víctor Hugo Navas explica que en la época Precolombina este artículo solo era utilizado en la casa de los reyes. También es conocido como estera en la Sierra, donde también suele utilizarse como objeto decorativo.

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Un legado ancestral. Los petates se confeccionan desde la época Precolombina. También elaboran canastos y abanicos.Yadira Illescas / EXPRESO

Las mujeres de la etnia Chachi son reconocidas por su confección y sirve como base para el colchón y es recomendable para la columna, dice Magdalena Tapuyo, otra nativa. Ella, junto a Lucía son parte de los cerca de 1.500 habitantes que tiene la comuna Las Pavas, a tres horas de la cabecera cantonal de Quinindé (Esmeraldas), en la comunidad de Zapallo.

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Las mujeres de la etnia desde pequeña aprenden el arte de confeccionar abanicos, petates y artesanías que se elaboran con las fibras que extraen de la hoja de bijao y en especial de la paja toquilla, que crece de manera silvestre en los alrededores de los ríos y la montaña. Aunque cada día escasea, aseguraron las artesanas.

VariedadOtros artículos. Las artesanas chachis de diferentes comunidades elaboran lámparas, cestos, cuchareras, plateras, abanicos y una variedad de objetos.

Las mujeres han improvisado desde los tiempos remotos sus talleres en sus casas. María Quiñónez, otra de las artesanas, explica que la confección de los petates se requiere de unas 200 hojas de paja toquilla. La venta la realizan en las comunidades cercanas o en la cabecera cantonal. Los precios oscilan entre un dólar los artículos pequeños y 20 dólares los petates.

William Caicedo, líder de Las Pavas, expresa que es lamentable que pocos aprecien el trabajo de las mujeres del campo y cuyas artesanías las venden de manera ambulante en diferentes ciudades. Un trabajo que inicia desde la cosecha de la palma. Para ello deben adentrarse “bien al bosque”.

El proceso de preparar la fibra

En muchas comunidades las mujeres siembran la palma, ante la escasez de la materia prima. Tras recoger los tallos los deshilachan para obtener las hebras que requieren para las artesanías. Después las lavan, les dan el color que requieren, usan flores, hojas y semillas que también recolectan de la selva. Las colocan al sol para que estén listas para el proceso de confección. María Quiñónez manifestó que a más de la paja toquilla también aprovechan la fibra de la rampira y pichigua, árboles de la montaña.