Cultura

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Presencia. Crisanta Quintero arroyo, aparece vestida con uno de sus trajes tradicionales, durante de una de sus presentaciones públicas.Vanessa López, especial para Expreso

Se apaga otro de los íconos del patrimonio ‘vivo’ esmeraldeño

Crisanta Quintero murió el 26 de junio de 2023, era la máxima expresión del folclor en San Lorenzo. Aumenta lista de gestores culturales sin relevos

La pequeña ciudad se paralizó. Había silencio y caras tristes por todos lados. Había muerto Crisanta Quintero Arroyo, el máximo ícono del folclor de San Lorenzo y un patrimonio de la cultura afroesmeraldeña.

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En su velorio hubo rezos, abrazos y cánticos. Pero faltó la voz potente, melodiosa e irreconocible que todos querían escuchar: la de la misma difunta.

Con 91 años de edad, Crisanta cantó hasta poco antes de fallecer. De todos sus años vividos, 80 enteros los dedicó a la cultura. Oriunda del recinto Ricaurte, había aprendido a cantar desde muy pequeña, cuando escuchaba a sus viejos elevar cánticos a los santos.

Era, desde entonces, la niña que saltaba de la cama cuando escuchaba entonar bombos y la que lloraba toda la noche cuando su mamá no la llevaba a los velorios a cantar alabaos. Ya de mayor, bajaba en canoa por el río Tululbí a San Lorenzo desde su comunidad para ir a cantar a los sepelios.

En San Lorenzo y en toda la provincia de Esmeraldas, su voz, sus tocadas de cununos, guasá y su extenso conocimiento de la cultura afro que compartió con todos los que más pudo, la hicieron merecedora de varios galardones, como dos marimbas de oro, máxima presea que entrega la Casa de la Cultura esmeraldeña. Además, internacionalizó sus arrullos en eventos culturales de Colombia, Venezuela y Japón.

  • Culturalmente. El 45% de la población de Esmeraldas se han definidos como afro-ecuatorianos o afrodescendientes. En los cantones Eloy Alfaro, con 39.739 habitantes, y San Lorenzo con 42.486, los afrodescendientes representan el 64% y 72% respectivamente del total de la población.

Pero la muerte de Crisanta no solo se llevó su voz, también ha dejado un vacío en el folclor esmeraldeño que le ha seguido a otros de grandes referentes de la cultura afro como Papá Roncón, el músico de Borbón que llevó la marimba a niveles internacionales. O Segundo Nazareno, otro esmeraldeño que fue considerado una de las voces de cantores más potentes del Pacífico; o el poeta de Quinindé Jalisco González, quien también llevó la poesía afro al extranjero.

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“Son referentes culturales que hemos perdido. Ahora hay otro grupo que se mantiene vivo, pero que ya no está presente en los escenarios, en esa lista está Rosita Wila, quien, tras problemas de salud, no puede hablar; y Petita Palma, quien a sus 90 años ya no puede cantar”, explica a EXPRESO el investigador cultural esmeraldeño Manuel González Quiñónez, quien rescata las costumbres e historias afroecuatorianas en su plataforma Relatos Esmeraldeños.

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Recuerdos. Ecilda Castillo Quintero conserva los instrumentos de su madre.Vanessa López, especial para Expreso

Justamente esa falta de relevo, a tal nivel, es lo que le preocupa a los investigadores y gestores culturales que trabajan en la conservación de la cultura. Para ello, González propone que todos estos conocimientos transmitidos a través de la oralidad, (“porque la mayoría de estos íconos culturales han aprendido a ser cantores empíricamente”), se documentan y se digitalicen.

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“La pérdida de estos referentes a lo que nos deben llevar ahora es plasmar esos conocimientos en partituras y en digital para que puedan verse hasta en el exterior”, menciona el investigador.

Estos decesos, enfatiza González, además deben ser un impulso para que el Ministerio de Patrimonio y Cultura invierta más recursos para la conservación de la cultura esmeraldeña y para patentar los arrullos de personajes como Crisanta y Rosita Wila, que, por ejemplo, tanto soñaron con tener una escuela de cantores y que jamás consiguieron el apoyo.

Con él coincide la poeta decimera y gestora cultural esmeraldeña Amada Cortés, quien destaca la importancia de que se mantenga vivo el legado de estos referentes de la cultura. “Sigue haciendo falta más apoyo, desde los municipios, desde los gobiernos para mantener nuestras esencias culturales afroecuatorianas: poemas, bailes de marimba, cantos de arrullos, etc. Ayudas para que los gestores y nuevos aprendices que siguen con el legado lo lleguen a trabajar con la misma pasión que tenían los íconos que ahora perdemos”, concluye.

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Crisanta, además de la música, mantenía viva costumbres ancestrales y siempre se resistió a someterse a las corrientes modernistas. Tal así, que mantenía en su casa altares a la virgen y al Divino Niño, instrumentos musicales de marimba y cada diciembre organizaba novenas. Si bien no logró crear su escuela de cantores, sí fundó la agrupación de arrullos de su pueblo: Ecos del Pailón.

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TAMBIÉN UNA GESTORA SOCIAL

Crisanta además era muy reconocida por su labor social en favor de varias comunidades esmeraldeñas, cuenta a EXPRESO su hija Ecilda Castillo Quintero. Pues fue la mentalizadora de la llegada de las guarderías por primera vez a San Lorenzo; fue la gestora de la parroquialización de Ricaurte y una de las que impulsó la construcción de la carretera que une a Ricaurte con San Lorenzo. “Le encantaba servir a los demás. Ella tuvo por mucho tiempo en la sala de su casa un comedor popular para los niños del barrio. Su partida deja un gran vacío porque no tenemos otro referente cultural a su nivel todavía”, cuenta Ecilda, quien sigue sus pasos en el canto.