Cultura

Alexander Ávila: “Hay una deuda histórica con los autores de la Amazonía”

El escritor y fundador de Sur Editorial habla sobre la cuarentena y los proyectos literarios en curso en Morona Santiago.

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Ávila es escritor y psicólogo. Ha participado en varias antologías y su primer libro, 'Disonancias' se publicó en 2017.Cortesía

La cuarentena por la emergencia sanitaria le vino como anillo al dedo al escritor y editor Alexander Ávila (Quito 1986). Desde su residencia temporal en Gualaquiza, Morona Santiago, este empezó a trabajar en cuatro proyectos represados que verán la luz en los próximos meses bajo su sello, Sur Editorial. “Soy un procrastinador profesional”, declaró risueño. 

Dos de ellos se enfocan en las obras de autoras de la región amazónica, sitio en el que Ávila ha residido de manera intermitente desde hace varios años. Fue en Macas donde empezó a generar el proyecto literario por el que se ha dado a conocer. Antes de forjar la editorial, este tuvo un librero móvil llamado ‘On the road’ en honor a la emblemática novela de Jack Kerouac, editó la revista Amazon y organizó la primera Feria del Libro de esa ciudad.

“Empecé a hacer libros sin saber cómo, pero sentía que era una necesidad”, recuerda. 

¿Cómo es el movimiento literario en la región amazónica? ¿Qué te llevó a apostar por este proyecto editorial?

En Morona Santiago, y en la Amazonía en general, la situación cultural tiene su propia dinámica. Siempre ha estado siempre lejos de todo monopolio cultural, lo que tiene sus ventajas, pero que desafortunadamente también se ha traducido en la publicación de libros sin una preocupación estética, y sin mayor trabajo de edición. Obviamente si no hay un trabajo crítico en torno a la obra, se imprime cualquier cosa, y eso es lo que ha sucedido durante muchos años. No hay criterios editoriales, solo pólvora (y recursos) gastado en gallinzaos. Quería hacer libros con textos que se trabajaran, que se debatieran, y que publicaran a autores que valieran la pena, para que los libros dejaran de repartirse entre amigos y parientes y no se dañaran en las bodegas.

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¿Cuál fue el reto principal para sacar a flote Sur Editores?

Si en el país la edición y el debate en torno al texto son complicados porque se hieren egos y susceptibilidades, ni se diga en Morona Santiago. Era algo exótico: un tipo que hacía libros y daba talleres de escritura. Los propios escritores no entendían muy bien qué hacía o porqué cobraba. Tomó tiempo que la gente entienda porqué es necesario editar y debatir en torno a la obra. Claro, hubo mucha gente ofendida, hice enemigos muy rápido. ¡Me consideraban un gamín literario! Pero los chicos más jóvenes se fueron sumando, y de a poco se generó un movimiento más abierto, que apostaba por el arte.

Incluso desde el propio país hay desconocimiento sobre los autores de la Amazonía. ¿A qué se debe esto?

Hay una deuda histórica con los autores, y los artistas en general, de la Amazonía. Existe un monopolio que siempre los dejó fuera del circuito cultural del país, pero sobre todo, tampoco se le dio suficiente importancia, o recursos para que hubiera un resurgimiento. Además, como en muchas otras ciudades hay una visión muy limitada de quiénes ‘hacen’ la cultura, o en este caso la ‘buena’ literatura. Estos tótems, que no dejan espacio para las nuevas voces o los cambios generacionales. Así encontré, por ejemplo, a Isabel Jaramillo, una escritora que sacó, hace muchos años un pequeño libro llamado ‘Huellas’. Cuando lo leí, me impresionó, y no entendía por qué nunca había escuchado sobre ella. 

Otra realidad es que muchos artistas de la Amazonía han migrado a otras ciudades, y nunca recibieron siquiera el reconocimiento de su lugar natal. Kira Martínez, es otro ejemplo. Ella trabajaba en torno a lo erótico en los años ochenta, cuando muy pocas mujeres se atrevían a hacer arte sobre el cuerpo. Incluso ganó un premio nacional, pero en Macas, ni una placa le han dado. Falta unidad y también visibilidad.

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El autor lanzó Sur Editores con la colección 'Antens'. este año se incorporará una nueva colección al catálogo.Cortesía

¿Consideras que la web es una herramienta útil para la difusión de poesía y narrativa de la región?

Sí, sin duda. Es lo que me pasó a mí. Me pude ir construyendo un espacio desde las redes y de a poco me fueron invitando a festivales, a participar en antologías. Sería ideal que se hiciera una revista virtual, un blog que de mayor visibilidad a lo que se hace desde aquí.

¿Hacia dónde va Sur Editorial a futuro?

Estamos trabajando en cuatro nuevos proyectos que han surgido durante la cuarentena. Lo increíble de esto es que nos han empezado a llamar autores de otras ciudades, como la poeta lojana Paulina Soto, que sacará su próxima obra con nosotros. La editorial tenía una colección, ‘Anent’, y ahora vamos a abrir otra. Es bueno saber que nos estamos forjando un camino con el trabajo que hacemos.

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Tu primera obra ‘Disonancias’ salió en 2017. ¿Estás trabajando en algo nuevo?

Sí. Tenía varios textos, y creo que en esta cuarentena finalmente he logrado encontrar un corpus. Mi proceso es lento. ‘Disonancias’ se escribió a lo largo de meses, con una serie de ‘flashasos’ que apuntaba conforma iban saliendo y luego trabajaba. Espero que este libro también vaya tomando forma.

Hay quienes dicen que la poesía tiene un nicho reducido de lectores. ¿Vale la pena hacer poesía si se la lee poco?

No creo que haya un ‘querer’ en el arte. Lo haces porque necesitas hacerlo, porque hay una necesidad estética de transformar o destruir. Hay que ser muy cínico para escribir sin sentirlo, sin necesitarlo. Y es cierto que la poesía no es un género popular, pero sí tiene sus lectores. Eso es justo porque la poesía es como un palazo en la cabeza; te libera, te abre los ojos. 

¿Crees que las dificultades en la difusión también complican el número de lectores al que llegan las obras?

Sí, aunque siento que en los últimos años, las editoriales independientes hacen un trabajo sostenido por mejorar la difusión y la distribución. Además, aunque la gente diga que no, cada vez hay más lectores, y lo digo porque hago y vendo libros. Hay un cambio generacional, y los chicos sí leen, compran libros y creen que el arte es una necesidad tan básica como comer. Ahí deben apuntar los mercados literarios.

¿No a los tótems?

(Ríe). Nunca a los tótems.