Guayaquil

Xavier Viteri, el joven que cruzó a pie la selva por dos días para unir culturas

Personaje de la semana. Economista y activista por el medio ambiente. Enseñó a jóvenes saparas cómo enfrentarse a Occidente. 

Xavier Viteri.
Xavier Viteri tiene 25 años de edad, es economista y activista por el medio ambiente y las comunidades amazónicas.Cortesía

Una antigua leyenda sapara cuenta que una vez un mono bajó a tomar agua al río Conambo, en la Amazonía ecuatoriana, y se convirtió en hombre. Luego bajó otro y se convirtió en mujer. De la unión de esta pareja nació un bebé llamado Tsitsanu, que fue el primer hombre de dicha comunidad nativa.

El mito de Tsitsanu se cuenta de abuelos a nietos. La historia que ubica a este personaje en escenarios de naturaleza espesa, sin explotaciones petroleras ni extractivismo, muestra a un joven aventurero que recorre la jungla.

Pero hay un momento en el que el personaje de la fábula amazónica se topa con la realidad. De la mano de Xavier Viteri, un guayaquileño de 25 años de edad, Tsitsanu salió de la selva y llegó a Guayaquil. Pudo notar el ruido molestoso de los autos que dista del de ríos, árboles y animales que tiene en su comunidad. Pero no solo eso, pudo visitar la Universidad de Guayaquil, hablar de extractivismo, explotación petrolera y de las necesidades sin suplir en su territorio, a un auditorio con más de 200 personas entre alumnos y profesores.

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Tsitsana es el nombre del colegio de la comunidad Sapara Llanchamacocha de la parroquia de Sarayaku en la provincia de Pastaza, situada en el corazón de la Amazonía de Ecuador, donde Xavier daba clases.

La visita a Guayaquil fue en agosto pasado y se hizo con recursos obtenidos tras la venta de artesanías y otras gestiones comunitarias estudiantiles de los jóvenes amazónicos. Se trató de una delegación de 40 habitantes de esa comunidad, entre estudiantes y padres de familia, que cruzaron a pie la selva, junto a Xavier, por dos días. Lo hicieron en un trayecto que a los turistas le toma 30 minutos en avioneta. Atravesaron ríos, terrenos lodosos, carentes de sendero alguno. Luego llegaron a la ciudad de Puyo, tomaron un bus y arribaron al puerto principal.

“El objetivo fue que los chicos interactuaran con otras culturas para tener más criterios. De Guayaquil fuimos a Engabao, donde nos recibió la comunidad indígena de allá. Intercambiaron opiniones, anécdotas, agua dulce con agua salada, ceremonias, fuimos a museos, conversaron sobre la cultura, una cena en Montañita y hasta exposición de artesanías”, cuenta Xavier, quien fue profesor por un año en Llanchamacocha.

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El viaje y la llegada a la ciudad fue el proyecto final de la clase impartida por Xavier y una forma de crear conciencia sobre las necesidades de las comunidades indígenas de la Amazonía.

“Quería que los estudiantes universitarios, sobre todo los de Economía donde estudié, escucharan esa realidad y pensaran en nuevas rutas para obtener recursos para el país y nos solo por el petróleo, porque esa actividad afecta a los pueblos y daña la Amazonía que es un pulmón del mundo”, explica.

El activismo de Xavier inició cuando tenía 16 años de edad. Cuando se gradúo del colegio Vicente Rocafuerte en Guayaquil, se unió a la organización ambientalista 'Resiste Yasuní' con un grupo de amigos. Luego se vinculó con otras organizaciones indígenas que lo invitaron a estar por un mes en la comunidad sapara.

En su estadía visibilizó las necesidades que tenía la escuelita donde se educaban los niños y la falta de un colegio.

A su regreso a Guayaquil, con su grupo de amigos, realizó diversos eventos en bares y discotecas. La particularidad es que no pedían dinero por entrar, sino que los asistentes debían llevar, útiles escolares, los que luego serían enviados a los pequeños amazónicos.

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Continuó sus estudios de Economía en Guayaquil y, luego de terminar todas las materias, hizo una pausa y volvió a la Amazonía. “Tras un proyecto turístico de la comunidad llamado Naku, la población ya tenía recursos para pagarle a un profesional el salario mínimo para que le de clases a los jóvenes y estaba en busca de uno. Yo me ofrecí”, narra a EXPRESO.

La sonrisa se le dibuja enseguida cuando recuerda la experiencia del año en que vivió en la selva. “El paisaje era mágico. El río, los animalitos... con los chicos además de las clases, donde les enseñaba, en español, cómo enfrentarse a Occidente, hacíamos ferias de productos naturales para potenciar los recursos que tenían y los fines de semana tenían los encuentros culturales con los más veteranos”, cuenta.

Xavier Viteri
Xavier Viteri junto a un grupo de habitantes saparas en la comunidad de Llamacocha en la provincia de Pastaza.Cortesía

Además de aprender kichwa, tener un baño espiritual y hacerse vegetariano, Xavier tomaba guayusa y se acopló a los hábitos de la comunidad. Pues otro de sus anhelos, ha sido ayudar a la recuperación de las costumbres ancestrales de estos pueblos etnolingüísticos. Uno de ellos, es el lenguaje sapara del que ahora solo los más ancianos lo hablan. Explica que  sus estudiantes, niños y jóvenes, se comunican en kichwa, ya que este idioma es dominante y por migraciones y matrimonios ha tomado más terreno.

En la selva, Xavier además recolectó muchos datos sobre las desigualdades, la distribución de ingreso, derrame de petróleo y la necesidad de salir del extractivismo. Asimismo, reforzó en él la necesidad de fomentar otro tipo de potencialidades en Ecuador, como las plantas medicinales y la agricultura.

“La Naciones Unidas creó un índice de desarrollo humano para medir el desarrollo en los países. Aquí dicen que las provincias amazónicas son las que mayor índice de desarrollo tienen, pero cuando a los componentes de este índice yo le resté los ingresos del petróleo, las provincias no eran desarrolladas y noté que estos ingresos no se quedan en las comunidades indígenas amazónicas”, explica.

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Y es que señala que son a estas comunidades, por esas intervenciones, a las que le contaminan su entorno y les dejan perdidas irrecuperables. Cuenta que, en medio de su investigación, cuando visitó comunidades cofanes en otras provincias de la Amazonía, incluso pudo constatar y recoger testimonios de comuneros que han perdido seres queridos por explotación petrolera y que no han tenido ninguna indemnización ni mejoramiento de su calidad de vida.

“Al dañarles sus ríos y su entorno, les quitan la oportunidad de emprender en base a un sistema de producción distinto que no afecte al medio ambiente. Por ejemplo, los mecheros producen gas, que causan cáncer y dañan sus cultivos. Entonces ahí viene la migración forzada y la pérdida de la cultura.  Hay mucho por ayudar y trabajar en la Amazonía”, expresa.

Con los datos recolectados, Xavier escribió su libro de tesis de Economía a la que nombró 'la incidencia de la explotación petrolera en el desarrollo comunitario en la Amazonía Ecuatoriana'. Este trabajo ha sido exaltado y nominado a un premio en la Universidad de Guayaquil.

Para la pandemia, con su amigo Reí, quien tiene plantaciones de verde y flor de Jamaica, realizaron truques con estos y otros productos de otras fincas. Ellos entregaban plátanos a cambio de otras verduras y frutos, para enviar raciones alimenticias a las comunidades de la Amazonía.

Ahora Xavier ya cumplió 25 años, es economista, continúa con proyectos para la reparación del territorio sapara, colabora con algunas fundaciones a favor del medio ambiente y busca estudiar una maestría especializada en la misma línea de su activismo, que le ayude a seguir trabajando por las comunidades de la Amazonía.

Si sabes de un personaje de tu barrio que todo el mundo debería conocer, escribe a lopezk@granasa.com.ec